El COVID-19 podría forzar el cierre de la mitad de los restaurantes de NYC en un año

El contralor del estado afirma que la pérdida de empleo afectará duramente a los latinos

El COVID-19 podría forzar el cierre de la mitad de los restaurantes de NYC en un año
Los neoyorquinos disfrutan de comer "al fresco" con la reapertura de restaurantes.
Foto: Nora Quintanilla / EFE

Las proyecciones del contralor del estado de Nueva York, Thomas DiNapoli, es que el motor empresarial y de entretenimiento de la ciudad sufra un dramático cambio en un plazo de seis meses o un año debido a la pandemia.

Los cálculos que maneja apuntan a que entre un tercio o la mitad de los 23,650 bares y restaurantes que había en 2019 cierren sus puertas indefinidamente en el plazo de seis meses a un año.

Si las previsiones se cumplen se perderían entre 8,000 y 12,000 establecimientos y con ellos entre 106,000 y 159,000 empleos. Muchos de ellos entre la comunidad inmigrante latina. DiNapoli dice en su informe que no está claro el impacto de las medidas puestas en marcha en septiembre como el sobrecargo del 10% y la ampliación indefinida de las aperturas de los servicios en calles y aceras de la ciudad que se iba a cerrar a finales de octubre.

El 60% de los trabajadores de este sector en la ciudad son inmigrantes aunque, en algunas áreas el porcentaje puede llegar al 90%. Los datos de DiNapoli revelan que hace dos años el 44% de los residentes que trabajan en la industria de los restaurantes son latinos, una comunidad que sufre como pocas no solo la enfermedad y la pérdida de vidas sino también el fin de sus puestos de trabajo. Jackson Heights/North Corona tiene más residentes que ningún otro trabajando en restaurantes seguido de Elmhurst/South Corona.

El 20% de los trabajadores del sector son asiáticos.

El impacto económico es desastroso porque este sector el año pasado fue el responsable de casi 318,000 empleos, $10,700 millones en salarios en toda la ciudad y una contribución a las cuentas públicas de $27,000 millones en ventas fiscalizables.

Un día después de que se iniciara el servicio interior en los restaurantes en la ciudad –con la restricción importante de que solo se puede acomodar al 25% del aforo–, las estimaciones de DiNapoli son un jarro de agua fría sobre un sector que lleva meses sufriendo. De hecho, en agosto, el empleo de estos establecimientos estaba lejos de recuperarse y apenas estaba al 55% del nivel registrado en febrero, antes de que empezaran los estragos de la pandemia.

Andrew Rigie, director ejecutivo de la NYC Hospitality Alliance, calificaba el informe  del contralor como “impactante” pero confirma la “devastación económica que el COVID-19 ha infligido en estos pequeños pero vitales negocios”.

Parte del daño ya está hecho y evidencia de ello es el cierre semanal de decenas de restaurantes y los locales vacíos en los barrios. El contralor concede que desde que empezaron a levantarse los cierres de actividad y los restaurantes y bares pudieron unir el servicio en las calles a sus órdenes de entregas, el empleo se ha ido recuperando. En abril apenas había 91,000 personas empleadas en el sector y en agosto, con las calles y las aceras abiertas, los contratos llegaron a 174,000 en agosto.

Casi la mitad de los restaurantes y bares han usado el servicio fuera del local en la ciudad. Mientras, la gran mayoría tiene problemas para pagar la renta. El 87% no lo pudo hacer en su integridad en agosto y así se van sumando meses. Es decir, las cuentas no terminan de cuadrar.

Abrir el 25% de un restaurante, que no de un bar ya que estos no tienen permiso, permite ampliar algo el negocio, pero en esta industria de bajos márgenes apenas hay restaurante en la ciudad que pueda operar con esta capacidad de forma que le compense.

Cuando empiece el frío y haya más días de lluvia y nieve, las actividades en la calle quedarán algo más comprometidas pese a que se va a dar permiso para la instalación de calentadores portátiles.

Rigie explica que el mensaje que manda con su informe el contralor debe oírse por los responsables políticos y los neoyorquinos y este es que, para salvar la economía de nuestra ciudad, la industria de los restaurantes debe ser fundamental para la recuperación”.

De acuerdo con este líder de la organización que agrupa a la mayor parte de los negocios del sector, “se tienen que poner en marcha más acciones a todos los niveles del Gobierno para salvar a los pequeños negocios y la economía”.

En concreto, y desde Washington se está esperando que llegue un nuevo estímulo para los bolsillos de los consumidores, que ayude con el gasto, y el Restaurants Act, un programa de ayuda que se contiene en las nuevas negociaciones que se están manteniendo entre los demócratas y el Tesoro. En concreto, están en juego 120,000 millones de ayuda directa, que no se tiene que devolver, y que se destinaría a todos los restaurantes en el país que no son parte de una cadena.