La pandemia revela la crisis de quienes llevan décadas esperando cambios

Vendedores en las calles y recogedores de latas llevan años pidiendo más licencias y mejor precio de reciclaje

El concejo aprobará mañana un cambio gradual en la concesión de licencias de venta en las calles./Archivo
El concejo aprobará mañana un cambio gradual en la concesión de licencias de venta en las calles./Archivo
Foto: Mariela Lombard / El Diario NY

Lo que no se sostiene se termina cayendo. Las leyes de la física también funcionan en economía y finanzas personales y eso es algo de lo que saben mucho quienes viven en la economía informal y la más precaria por la falta de entrada en la formal y las oportunidades.

Es el caso de los vendedores en las calles de Nueva York y las personas que recogen latas y botellas para reciclar. Durante décadas los primeros han esperado un cambio de legislación que amplíe el número de licencias para la venta y acabe con el mercado en la sombra en el que una licencia puede llegar a costar $25,000 cuando apenas se pagaron unos cientos de dólares por ella.

Los segundos esperan que se pague 10 centavos por lata en vez de los 5 centavos que se pagan desde hace 30 años.

Mientras han esperado los cambios en sus condiciones de trabajo– y para los vendedores está previsto que ocurra el jueves– la pandemia está suponiendo un sufrimiento continuo.

Así lo revela un estudio de la organización WIEGO, que hace seguimiento globalmente de la situación de los trabajadores informales. Lo que se ha encontrado es que en abril estos dos colectivos sufrieron una fuerte rebaja de ingresos que fue peor que las de los mismos trabajadores en otras nueve ciudades del mundo como Lima, Ahmedabad en India, Bangkok en Tailandia o ciudad de México, entre otras.

Es más, su recuperación durante los meses de verano, junio y julio, que es cuando se hicieron las entrevistas para el seguimiento, la recuperación había sido muy lenta y solo el 25% de ellos había vuelto a las calles para comprobar una caída de la demanda por la falta de personas en las calles.

Mohamed Saad no lo ha hecho. Su carro está en el garaje y sus dos trabajadores sin empleo en vez de estar en la 5 Avenida vendiendo su comida halal. Saad ha llegado al límite de sus tarjetas de crédito y dice que no le compensa pagar los miles de dólares que piden por una licencia cuando apenas hay tráfico en las calles que sostenga su negocio.

Adicionalmente, por motivos que en muchos casos tienen que ver con el estatus migratorio , muchos han quedado excluidos de las ayudas directas. El 26% de los vendedores y el 29% de quienes recogen latas no han recibido el cheque o ayuda de desempleo y más de la mitad no tienen acceso a asistencia para comida. Mohamed Attia, del Street Vendor Project, explicaba que ningún negocio de venta en la calle ha conseguido asegurar un préstamo PPP.

Como resultado de ello WIEGO refleja que ha habido más hambre entre los adultos y los niños en los hogares de los vendedores en Nueva York que en México.

Casi todos los que se emplean en estas tareas tienen historias que reflejan cómo han visto la COVID de cerca –ellos o sus familias– o se ha deteriorado una salud que suele ser más frágil en los más vulnerables económicamente. La salud, las restricciones a los movimientos, la falta de demanda o el cierre de centros de recepción de latas y botellas han sido obstáculos a su trabajo.

Rosa, de Sure We Can, explicaba que muchas personas mayores que recogen latas y quienes son asiáticos no han salido a la calle de nuevo por miedo.

Attia explicaba que esta debilidad llega porque el sistema en el que se mueven estas personas “ya estaba roto y hace que esta forma de vida sea imposible”. “Están sufriendo pero no es solo por la crisis, se vinieron abajo en apenas dos semanas”, explica para mostrar la vulnerabilidad del sistema. Attia comentaba en una conferencia en zoom que durante décadas las cosas han sido difíciles y es la pandemia la que lo ha dejado ver de forma clara.

El hecho de que la ciudad no haya actualizado las licencias en 40 años ha sido un gran obstáculo dijo la senadora estatal Jessica Ramos, quien se declara partidaria de eliminar los límites a estos permisos.

Con respecto a la aprobación por parte del concejo de los cambios en las licencias, Attia dijo que ahora que la pandemia “ha revelado la situación es un momento de transformación”.