Sí, la puntualidad sigue siendo importante

La impuntualidad ocasiona desequilibrios importantes en los procesos de organización

Sí, la puntualidad sigue siendo importante
Hay que estar puntuales en el trabajo.
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En tiempos de pandemia, parece que abundan las excusas de todo tipo para no cumplir con los compromisos. La flexibilidad horaria y el teletrabajo están muy bien, pero la puntualidad es clave para el éxito empresarial.

Todos llegamos tarde alguna vez, pero cuando la impuntualidad se convierte en una característica habitual del comportamiento, urge analizar por qué sucede. Hay tardones crónicos, personas que han aprendido en familia que no pasa nada por llegar tarde, gente que no sabe gestionar el tiempo, individuos con falta de empatía, etc., que, si quisieran, podrían cambiar su forma de actuar con un entrenamiento adecuado.

La impuntualidad ocasiona desequilibrios importantes en los procesos de organización y en el desarrollo productivo. Por eso, los líderes deben incluir el cumplimiento de horarios en la filosofía empresarial y dejar claro que los retrasos son inadmisibles. La regla, como escribió Shakespeare, debe ser: «Más vale tres horas demasiado pronto que un minuto demasiado tarde».

No confundir flexibilidad horaria con impuntualidad. Los empleados tienen derecho a conciliar su vida laboral y personal o a teletrabajar cuando su función se lo permita, pero deben saber que por encima de todo tendrán que cumplir su horario, respetar el tiempo que dedican a la empresa, acatar las franjas en las que permanecerán presencialmente en la sede o conectados telemáticamente, asistir a las reuniones acordadas o responder a los clientes en el menor tiempo posible. Las excusas no existen cuando uno trabaja en equipo.

Analizar las causas y buscar soluciones. Cualquiera puede retrasarse un día, pero cuando la impuntualidad es sistemática, hay que tener una entrevista urgente con quien así se comporta, sea una persona o un equipo entero, y determinar los motivos para encontrar el remedio. Esto es muy importante, porque cuando uno no hace su trabajo retrasa a los demás y crea situaciones de agravios comparativos que generan desafección, frustración, asunción del trabajo ajeno y sentimientos de injusticia en quienes sí llegan a tiempo.

Invertir en recursos. Las empresas deben ser capaces de cumplir los compromisos con sus clientes, entregar a tiempo y responder a sus quejas cuanto antes. Cuando alguien no atiende las llamadas o no contesta los correos o lo hace, a lo sumo, con un texto preestablecido, quizá no es porque no valore al otro, pero es lo que está transmitiendo. No hay nada peor que no recibir respuesta, tener que insistir.

Dar ejemplo. También los líderes están obligados a ser puntuales. Nadie puede dar como excusa que está demasiado ocupado, porque eso significa que no es capaz de organizarse, que asume más de lo que puede o que no sabe delegar, y también que no valora a su gente, a su empresa ni a sus clientes.

Por último, no olvidemos que la puntualidad es más que llegar a tiempo. No basta con estar a la hora prevista en el lugar indicado; sino que también es no hacerse esperar. Los líderes deben ser capaces de responder a quien pregunta, a cada uno de sus empleados, y hacerlo sin dilación para que todos puedan sentirse valorados y parte de una empresa en la que importan.

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