Tenía que diseccionar un cuerpo y descubre que era el de un amigo desaparecido

Enya Egbe se aprestaba a diseccionar un cadáver junto a sus compañeros en una facultad de Nigeria cuando notó que se trataba de un viejo conocido

Enya Egbe se conmovió al notar que el cadáver que estaba a punto de diseccionar pertenecía a un amigo suyo.
Enya Egbe se conmovió al notar que el cadáver que estaba a punto de diseccionar pertenecía a un amigo suyo.
Foto: Shutterstock

El estudiante de medicina Enya Egbe se encontraba en una clase de anatomía de la universidad de Calabar, en Nigeria, cuando descubrió con horror que el cadáver que tenía enfrente para diseccionar era el de un amigo suyo. La situación lo conmovió profundamente, a tal punto que rompió en llanto y huyó a los gritos del aula.

Esto, en rigor, ocurrió 7 años atrás. Pero la historia fue ahora reconstruida por el periodista nigeriano Adaobi Tricia Nwaubani para la BBC, en un contexto en que busca profundizar sobre los casos que existen en ese país africano de los cuerpos “no reclamados” supuestamente de criminales que son entregados a las escuelas o facultades de medicina.

Egbe, de 20 años entonces, se encontraba en el momento de hacer su descubrimiento alrededor de una mesa con otros compañeros. Había en el lugar 3 de estos muebles, con 3 cadáveres para diseccionar. Por desgracia, el cuerpo que se encontraba frente al joven estudiante era el de Divine, un amigo suyo durante siete años, a quien su familia buscaba luego de que fuera detenido por la policía.

“Solíamos ir a bailar juntos. Había dos agujeros de bala en el lado derecho de su pecho”, le contó el joven estudiante a Nwaubani.

“La mayoría de los cadáveres que usamos en la escuela tenían marcas de balas. Me sentí muy mal entonces cuando me di cuenta de que algunas de las personas podrían no ser verdaderos criminales”, contó al citado medio Oyifo Ana, una de las estudiantes compañeras de Egbe que corrieron tras él en el momento en que salió del aula.

La joven narró también que había visto esa misma mañana temprano una camioneta de la policía en la escuela de medicina, con un depósito de cuerpos adjunto.

Egbe, en tanto, notificó de inmediato a la familia de Divine lo que había visto. Ellos habían estado buscando a su familiar en las comisarías de Calabar, luego de que el joven fuera arrestado, junto a otros dos amigos, por agentes policiales cuando regresaban de una fiesta.

Finalmente, la familia pudo recuperar el cuerpo de Divine.

El macabro descubrimiento de Egbe puso en evidencia el hecho de la falta de cadáveres en Nigeria para los estudiantes de medicina, pero sobre todas las cosas, el destino que pueden tener las víctimas de la violencia policial en ese país.

En Nigeria una ley sostiene que los “cuerpos no reclamados” en depósitos de cadáveres del Gobierno deben ser entregados a las escuelas o facultades de medicina. Una investigación de 2011 daba cuenta que, en ese año, el 90% de los cuerpos que llegaban a esos centros de estudio correspondían a “criminales asesinados por disparos”.

En realidad, de acuerdo con lo que informa Nwaubani, los cadáveres eran más bien de “sospechosos asesinados a tiros por fuerzas de seguridad”. De acuerdo a la investigación, las edades de los fallecidos oscilaban entre los 20 y los 40 años, el 95% eran hombres y tres de cada cuatro pertenecían a la clase socioeconómica más baja.

“Nada ha cambiado diez años después”, dijo Emeka Anyanwu, profesor de anatomía en la Universidad de Nigeria, y coautor del estudio Servicio de ambulancia, sobre el tema de los “cuerpos no reclamados”.

El año pasado, el Gobierno nigeriano estableció paneles de investigación judicial en diferentes estados para analizar diversas denuncias de brutalidad policial. Esto sucedió luego de que la comunidad realizara una serie de protestas tras viralizarse el video de un joven que fue asesinado a tiros presuntamente por el Escuadrón Especial Antirrobo (Sars).

Precisamente, como respuesta a las siglas de esta organización de seguridad fue que las protestas se unificaron bajo el hashtag #EndSars. Ese escuadrón, finalmente, fue disuelto por las autoridades nigerianas.

En distintos paneles numerosas personas dieron testimonio de familiares arrestados por las fuerzas de seguridad que se encontraban desaparecidos.

La policía, en tanto, se defendió diciendo que los desaparecidos eran ladrones armados que cayeron en tiroteos. Frank Mba, vocero de la policía de Nigeria, negó tener conocimiento de que la policía hubiera arrojado cadáveres a laboratorio de anatomía o depósitos de cuerpos.

Por su parte, la asociación de anatomistas de Nigeria ahora presiona para que un cambio en la ley establezca que cada morgue pueda contar con registros históricos completos de los cuerpos que se donan o entregan a los depósitos de las escuelas de medicina. Que cuenten además con el consentimiento de sus familiares. Y también se realizarán campañas para que las personas puedan donar sus cuerpos a las universidades y así paliar la escasez que existe en la actualidad.

En cuanto al estudiante que se encontró a su amigo en la mesa de disección, resta decir que quedó entonces tan traumatizado que no regresó a la escuela de medicina por semanas. Imaginaba que su amigo Divine lo esperaría de pie en la puerta del aula de anatomía cada vez que intentara entrar allí.

Sin embargo, Egbe pudo superar sus traumas y acabó graduándose un año después que sus compañeros de clase. Ahora trabaja en el laboratorio de un hospital del estado de Delta.

La familia de Divine, por su parte, pudo lograr que algunos de los oficiales involucrados en el crimen del muchacho fueran despedidos de la Fuerza. Apenas un poco de justicia, pero mucho más de la que consigue la mayoría de los nigerianos cuyos familiares perecieron a causa de la violencia policial.

Quizás esos jóvenes que sus familiares buscan están todavía en los depósitos de alguna escuela de medicina del país, reflexiona finalmente el periodista Nwaubani.

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