Miles de uniformados y neoyorquinos se unen para despedir a Wilbert Mora, el segundo policía dominicano asesinado en Harlem

"Es un dolor para los hispanos" coincidieron muchas familias que se acercaron este martes al velorio en la Catedral de San Patricio en Manhattan

El ataúd de Mora fue trasladado al interior de la catedral por sus propios compañeros de la comisaría 32 de Harlem.
El ataúd de Mora fue trasladado al interior de la catedral por sus propios compañeros de la comisaría 32 de Harlem.
Foto: AFP / Getty Images

Una nueva ‘marea azul’ volvió a bordear este martes varias cuadras alrededor de la Catedral de San Patricio en la Quinta avenida de Manhattan. Esta vez, para iniciar los actos fúnebres del oficial del Departamento de Policía de la Ciudad de Nueva York (NYPD) Wilbert Mora, el segundo policía asesinado en Harlem junto a su compañero Jason Rivera, cuando atendieron a una llamada de violencia doméstica. Ambos eran de origen dominicano.

Los actos para dar el último adiós a Mora fueron una escena de dolor, que ya vivieron los neoyorquinos en los alrededores del mismo templo la semana pasada cuando se despidió a Rivera. Nuevamente centenares se congregaron para rendir sus oraciones por los familiares del oficial de 27 años, pero también para ofrecer su apoyo a la Uniformada.

Entre la multitud, la puertorriqueña Margarita Vásquez, residente de Manhattan, oraba en una esquina de la calle 50, a escasos metros en donde ya reposaban los restos del oficial. 

Esta madre de ocho hijos asegura que sabe perfectamente cómo se “encuentra el corazón” de la madre de Mora.

“Yo también perdí a mi hijo hace dos años. El sirvió por 20 años a la Armada. Al regresar de Afganistán se enfermó. Y murió casi en mis brazos. Yo sé lo que está sintiendo esa madre que está allí adentro al frente de este féretro. Por eso vine aquí. Los dominicanos y nosotros somos hermanos”, expresó con tristeza la boricua.

Margarita, con 30 años residiendo en la ciudad de Nueva York, expuso que la muerte “de estos dos muchachos”, debe ser una nueva señal que debe estimular el apoyo a los policías que son quienes protegen a los ciudadanos.

“Ese ambiente de miedo y de criminalidad no se veía por años en esta ciudad. Y como madre solo apuesto a que ninguna familia tenga que vivir este momento por la violencia. Se debe tomar muy en serio cada muerte. Sino llegará el momento, en que nos vamos acostumbrar a esto”, opinó.

La boricua Margarita Vásquez esperó desde muy temprano para dar sus oraciones por la familia de Mopra. (Foto: F. Martínez)

“Quería ser el mejor policía”

Hace exactamente 11 días, Wilbert Mora fue baleado en un apartamento en Harlem, en la calle 135 Oeste, junto con su otro compañero dominicano, cuando respondieron a una llamada del 911 de una madre que reportó que su hijo tenía una conducta agresiva. Al ingresar a la propiedad, ambos agentes fueron recibidos con una ráfaga de disparos, detonada por el afroamericano Lashawn McNeil, quien resultó también muerto en una contraofensiva de un tercer uniformado, de acuerdo con la versión oficial. 

El oficial Rivera, quien fue ascendido póstumamente al rango de detective, murió la misma noche del tiroteo. Mora recibió un disparo en la cabeza y la bala se le alojó en el cerebro. Le quitaron el soporte vital en un hospital de Manhattan cuatro días después. Su corazón, hígado, páncreas y ambos riñones fueron donados a otras cinco personas antes de fallecer.

Los restos de este efectivo policial que ingresó al NYPD en 2018 y trabajó incansablemente para ser promovido a la posición de sargento, fueron también llevados al altar mayor de la histórica catedral neoyorquina para recibir honores al ser considerado un “triple héroe”.

Mora había obtenido una licenciatura en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY) el mismo año que se integró a las filas de la institución policial más grande del país. Trascendió que en su corta carrera había tenido un total de 35 procedimientos y arrestos exitosos en su lucha contra el crimen.

Los restos mortales del oficial de origen dominicano fue recibido con honores en la icónica iglesia de Manhattan.

Un grupo de sus compañeros de la comisaría 32 de Harlem, en donde prestaba servicios, cargaron el ataúd a las 11:43 minutos de este martes, envuelto con la bandera oficial del cuerpo policial.

Era un gigante amable con un físico fuerte y un corazón cálido. Siempre estaba feliz. Quería ser el mejor policía”, así lo describió en pocas palabras un compañero dominicano.

Minutos después ingresó al velorio la atribulada familia del oficial, para participar en una ceremonia privada, antes de que las puertas fueran abiertas al público.

Visas humanitarias para sus tíos

De acuerdo con información compartida por el periódico dominicano Diario Libre, el NYPD solicitó visas humanitarias en la Embajada de Estados Unidos en la República Dominicana para los tíos del policía de origen quisqueyano, para facilitarles asistir a los actos fúnebres programados para esta semana.

“Se tramitó la petición a través del Departamento de Estado en Washington DC, explicando el motivo y la necesidad de que los tíos del oficial viajaran a Nueva York, para estar presentes en el velatorio y otros actos de homenaje a su sobrino”, precisó el rotativo isleño.

Además se detalló que Juan José y Yudelka Altagracia Jiminián viajaron el pasado viernes 28 de enero al país para ayudar a atender a los devastados padres del policía abatido, quienes “debido al dolor y el trauma necesitan ser auxiliados”.

La señora Liz Astro vino desde Brooklyn junto a su familia para asistir al velorio por solidaridad con otra familia de origen hispano. (Foto: F. Martínez)

Es un dolor para los hispanos”

Mientras en el interior del templo se realizaban los honores protocolares y religiosos, en las afueras, centenares de residentes de Nueva York seguían llegando para unirse al dolor de esta familia inmigrante dominicana y de los uniformados.

En ese grupo, se encontraba la boricua Liz Castro, quien hizo una extensa fila en medio de temperaturas congelantes. Allí, tuvo la voluntad de esperar pacientemente junto con decenas de oficiales para ingresar a la iglesia, destacando que no conocía a los parientes, pero vino de Brooklyn solo por una “cuestión de solidaridad como madre”.

“No conozco a esta familia. Pero este asesinato es también un dolor para todos los hispanos que hemos levantado a nuestras familias aquí. Vine a orar. A mostrar mi solidaridad. Esto es un hecho horrible que nos debe mover a apoyar a nuestros policías”, destacó.

También, el colombiano Pedro Díaz se tomó la tarde para asistir a este velorio.

“Yo vine también la semana pasada a rendir honores al otro joven policía. Hoy vengo de nuevo porque como residentes de aquí. Como inmigrantes que venimos de países con alta criminalidad. No podemos permitir que la ciudad pase a manos de los delincuentes”, acotó.

El colombiano Pedro Díaz también asistió la semana pasada al funeral de Rivera. (Foto: F. Martínez)

NYC vive un desafío frente al hampa

La baja de estos dos uniformados de origen hispano, que murieron en el ejercicio de sus funciones en la ciudad de Nueva York,  puso más combustible al ya incendiario debate sobre cómo enfrentar la ascendente criminalidad en las calles.

El nuevo alcalde Eric Adams, con cuatro semanas en el cargo, ha dejado claro que su fórmula será reforzar la presencia policial con brigadas especiales en los vecindarios más violentos y promover cambios en la reforma de la Ley de Fianzas, la cual impide que los jueces pongan una fianza en casi todos los delitos menores, como requisito para obtener la libertad de un detenido, mientras se determina su culpabilidad o inocencia.

Pero ya en la ciudad, legisladores que han apoyado las reformas en la justicia penal y organizaciones civiles han “mostrado sus dientes”, en rechazo a posibles cambios en el espíritu de esta ley. Lo cual anticipa un “choque de trenes” en los próximos meses.

Más allá de los extremos, en las calles algunos destacan que es momento de buscar un punto intermedio.

“No hay que negar que en el pasado la policía cometió muchos abusos, pero tampoco hay que dejar de reconocer que la ciudad hoy vive un momento muy amargo por la violencia. Porque se le quitó autoridad a los funcionarios. Me parece que se debe encontrar un balance”, argumentó el periodista dominicano César Romero, quien asistió a los funerales de sus compatriotas en el centro de Manhattan.

En este sentido, Benjamín García, miembro directivo de los Ángeles Guardianes de Nueva York, aseveró que el ataque en donde murieron estos uniformados debe recordar que las calles son de la “gente buena, de los trabajadores, de la mayoría, no de los criminales, a quienes en los últimos años algunas leyes le han dado oxígeno”.

El velatorio del oficial de Mora estuvo programado entre las 1 p.m. a las 8 p. m. de este martes en la Catedral de San Patricio. El funeral se realizará este miércoles a las 10 a.m. en el mismo lugar. Después del servicio, una caravana llevará el ataúd al cementerio Calvary en Woodside, en Queens, donde será enterrado.

El miembro de los Angeles Guardianes de NY, Benjamín García, destaca que las calles de la ciudad deben ser para la mayoría de la gente trabajadora, no para los criminales. (Foto: F. Martínez)

30% de uniformados son de origen hispano

El asesinato de Mora y Rivera, en un mismo operativo, ha puesto también sobre el tapete la presencia creciente de uniformados de origen hispano que forman parte de la fuerza policial considerada la más poderosa del país y en el listado de las primeras en el mundo: Más del 30% de los casi 35,000 oficiales uniformados de NYPD son latinos. 

Una serie de datos compartidos por el The New York Times (TNYT)  confirman que las filas de oficiales latinos “han crecido en los últimos años junto con los oficiales asiáticos, mientras que la proporción de oficiales afroamericanos se ha estancado”.

El medio neoyorquino describe que los oficiales Rivera y Mora formaban parte de una creciente contingencia de oficiales dominicanos que crecieron en barrios de la Gran Manzana durante el apogeo de las políticas de detenciones y cacheos. 

TNYT destacó que ambos policías, que iniciaban a apenas su carrera, eran unos adolescentes cuando un fallo federal en 2013 declaró que las tácticas conocidas como ‘Stop and Frisk’, “violaban los derechos civiles de la mayoría de los jóvenes negros e hispanos de la ciudad, quienes fueron detenidos y registrados millones de veces en la búsqueda de armas y drogas”.

Desde entonces, la cantidad de paradas se ha desplomado, pero las organizaciones civiles aseguran que de igual forma un 90% de las revisiones tienen como objetivo a jóvenes de las minorías étnicas de la ciudad.