Nuevo informe del monitor federal de cárceles en NYC: “Hoy la violencia es mucho peor por falta de personal”

En Rikers Island las agresiones, heridas y peleas son ocho veces mayores que en cualquier penal del país. El pasado enero la ausencia de funcionarios penitenciarios inflamó las tensiones

La boricua Sonia Kadhu es una de las víctimas del infierno carcelario atizado por la pandemia. Su sobrino murió interno el pasado mes de septiembre.
La boricua Sonia Kadhu es una de las víctimas del infierno carcelario atizado por la pandemia. Su sobrino murió interno el pasado mes de septiembre.
Foto: Fernando Martínez / Impremedia

La puertorriqueña Sonia Kadhu, residente de Brooklyn, sabe perfectamente cómo es el “campo minado” que está instalado en Rikers Island, la cárcel más grande de la ciudad de Nueva York y que es descrita en el nuevo informe presentando esta semana por el equipo del Monitor Independiente Federal Núñez, como un “desastre de violencia, inestabilidad y falta de personal”. Todo viene mucho peor, en contraste con hace seis años, desde que se realizan estas evaluaciones a las prisiones de la Gran Manzana.

El sobrino de Sonia, fue uno de los 17 internos que en los últimos 14 meses han fallecido bajo custodia en la ‘infernal’ cárcel ubicada en Queens.

Tuvo un problema de salud y lo dejaron morir. Todavía hoy es difícil saber qué pasó exactamente. Pero lo único que sé, es que hasta a los animales de la calle los tratan mejor”, dijo la tía de Stephan Kadhu, un joven de 24 años que esperaba sentencia y el pasado 22 de septiembre murió en el Centro Vernon C. Bain de Rikers, conocido como ‘El Barco’.

“Mi sobrino murió allí adentro. ¿Cuántos internos más tienen que morir para que se tomen medidas? No tienen médicos. No tienen seguridad. Los golpean…”, dijo atribulada.

Y la cadena de denuncias de Sonia no dista mucho de lo descrito por el monitoreo Núñez que se viene realizando anualmente desde el 2016, por el fiscal federal independiente Steve J Martín, designado por un tribunal para supervisar las reformas al complejo carcelario.

La conclusión en sus evaluaciones de este año, es que en medio de un cambio de liderazgo bajo el nuevo alcalde Eric Adams, las cárceles siguen “en una crisis violenta y desordenada, marcada por un ausentismo crónico del personal, que alimenta la agresión continua, dejando a muchas personas detenidas, que deben valerse por sí mismas tras las rejas”.

El sobrino de Sonia fue uno de los 17 internos de Rikers Island que han muerto internos en los últimos 14 meses. (Foto: F. Martínez)

Sigue faltando personal

El nuevo informe de 78 páginas divulgado este miércoles, concluye que la tasa de violencia en las cárceles de la ciudad de Nueva York, son “de siete a ocho veces más alta” que lo observado en otros sistemas correccionales.

El punto que más subraya la primera evaluación del monitor federal presentada bajo la nueva administración municipal, es que los problemas se han agravado “mucho más por la falta de dotación de personal”.

A fines de enero, según este reporte, aproximadamente uno de cada tres oficiales del Departamento Correccional de la Ciudad de Nueva York (DOC) no se había presentado a trabajar.

Se trata de aproximadamente la misma tasa de ausencia que se observó en el punto más candente de la crisis de violencia el año pasado. Y durante los meses más complicados de la pandemia.

El informe también encontró que las tasas de violencia se mantienen muy altas en Rikers.

Justamente, fue el pasado enero, el segundo mes clasificado como el más violento, medido por apuñalamientos y cortes en las cárceles, desde que el monitor Steve J. Martin fue designado por un Tribunal para supervisar de manera independiente el complejo desde hace 6 años. 

En 2016, la tasa promedio del uso de la fuerza de oficiales del DOC fue de 4.02, lo cual significa que de cada 100 reclusos un poco más de cuatro, había sido blanco de alguna situación agresiva.

Se esperaba una disminución de este porcentaje en el uso de la fuerza, pero todo ha sido peor.

“Desafortunadamente, ha ocurrido exactamente lo contrario. La tasa promedio de uso de la fuerza ha aumentado cada año, y en 2021, la tasa fue de 12.23. La más alta que jamás haya existido. Aproximadamente un 200% más elevada que la tasa en 2016”, especifica el monitor.

Las cárceles son más ‘infernales’

Del mismo modo, los datos detallados sobre peleas entre las personas detenidas, especialmente el número de apuñalamientos y acuchillamientos que se han producido, revelan que las cárceles de la Gran Manzana se han vuelto más peligrosas con el tiempo. 

Los incidentes informados durante enero del 2022 y la muerte del primer reo este año en posesión de DOC, evidenciaron que “continúan las malas prácticas del personal, lo cual conduce directamente a la violencia entre las personas en custodia”.

En enero pasado se conocieron al menos 40 incidentes en los que personas encarceladas salieron sin autorización de sus celdas, unidades de vivienda y áreas de reclusión.

Además solamente en enero, 60 casos de fallas de seguridad terminaron en incidentes de fuerza y ​​violencia entre reos.

En la mayoría de los casos, el equipo de evaluación liderado por Martin, asoció el ausentismo del personal como una “dinamita” que estalla más condiciones para la violencia.

Los incidentes que tienen como saldo lesiones “se han normalizado y aparentemente se ha perdido la capacidad para inculcar un sentido de urgencia entre quienes tienen el poder de hacer cambios”.

También se agrega que las altas tasas de violencia y uso de la fuerza por parte de los oficiales penitenciarios “no son típicos, no son normales”.

Decenas de organizaciones civiles que defienden los derechos de la población carcelaria en NY sigue documentando esta crisis humanitaria. (Foto: F. Martínez)

La Ciudad: “Vamos a restaurar el orden”

En este sentido, The New York Times citó que el comisionado de Correcciones de la Ciudad de Nueva York (DOC), Louis Molina, informó que en enero se habían incorporado 1,000 oficiales, muchos de los cuales se habían enfermado durante la ola de ómicron del COVID-19.

“Estamos trabajando en la dirección correcta. Nosotros vamos a restaurar el orden en el sistema penitenciario”, acotó Molina.

Los hallazgos del monitor federal apuntan a que a pesar de que los miembros del personal regresaron a trabajar a fines de enero, más de 2,000 seguían sin estar disponibles.

Portavoces del DOC no reaccionaron de inmediato al nuevo informe de este grupo que evalúa a las cárceles en la Gran Manzana, solo destacaron a El Diario que “un nuevo liderazgo en la Ciudad está haciendo ajustes desde el 1 de enero, para cambiar por completo el rumbo de un sistema violento sistemáticamente violento por décadas”.

Pasan horas y días para responder

Las nuevas observaciones al sistema carcelario de la ciudad de Nueva York se producen cuando la pandemia despertó la peor crisis conocida en 30 años, impulsada aún más, por el hecho de los vacíos de seguridad y atención médica que causa la ausencia de miles de oficiales penitenciarios.

Ante este complicado informe, Mary Lynne Werlwas, directora del Proyecto de Derechos de los Prisioneros de la Sociedad de Ayuda Legal (Legal Aid), reaccionó señalando que nuevamente se reconfirma el abuso que sufren miles de personas en prisiones.

“Es un desastre de salud pública y derechos humanos sin precedentes en los Estados Unidos”, acotó.

La interpretación de la activista es que la Administración municipal actual sigue mostrando fallas para gerenciar su fuerza laboral penitenciaria.

“Continúan abusando de la licencia por enfermedad. Y eso impide cumplir con los estándares mínimos de seguridad y servicios”, señala Werlwas.

Todos los dedos nos acusan

La Asociación de Benevolencia de los Trabajadores Correccionales de Nueva York ha venido por su parte ponderando el alto nivel de peligro que significa custodiar y ofrecer servicios a internos que en muchos casos son agresivos, tanto con el personal, como con sus compañeros de unidades.

Todos los dedos nos acusan. Pero muy pocos defensores salen a la calle cuando un prisionero nos ataca salvajemente, sin ninguna razón. En medio de esta crisis de salud pública la gran mayoría de nuestros trabajadores permanecieron cumpliendo con sus funciones. En muchos casos resguardando el doble de personas que corresponde normalmente”, compartió a El Diario un oficial penitenciario en las afueras de Rikers Island, quien prefirió mantener su nombre en reserva.

Recientemente trascendió que una trabajadora de la salud fue golpeada en la cabeza y pateada salvajemente en el suelo, por un recluso mientras se le practicaba una extracción de sangre.

“Las estadísticas de las agresiones a nuestros trabajadores nadie las lleva. Y son diarias”, sostuvo la fuente.

El DOC enfatizó el compromiso de esa agencia de proteger a los trabajadores de la salud en prisión en un comunicado reciente: “Todo el personal, incluidos nuestros socios de los Servicios de Salud Correccionales, tienen derecho a trabajar en un entorno en el que se sientan seguros y atendidos. No se tolerarán los actos violentos contra el personal”.