La obsesión, el verdadero y único sello del cine de Martin Scorsese

Violencia, gángsters, Robert De Niro e impresionantes soundtracks (generalmente usando alguna pista de The Rolling Stones) son generalmente los primeros aspectos en los que se piensa cuando alguien habla de Martin Scorsese. En efecto, estos elementos son algunos de los cuales conforman sus películas más conocidas, como Goodfellas (1990), The Departed (2006) o, claro, Taxi Driver (1976), pero Scorsese cuenta con una amplia gama cinematográfica. Obras como Raging Bull (1980), Hugo (2011) o The Wolf of Wall Street (2013) (sin mencionar cintas menos conocidas por el público en general, como Kundun de 1997, The King of Comedy de 1982 o Age of Innocence de 1993), carecen de las características antes mencionadas, o las tienen en menor medida que en las películas previamente mencionadas, pero que no pierden el sello del director: la obsesión. Y si bien este es un aspecto que puede (y amerita) analizarse a profundidad, en este artículo quiero enfocarme en la obra en la que tal característica es más notoria: Taxi Driver.

Se podría argumentar claro que Raging Bull o The Wolf of Wall Street explora las obsesiones de sus respectivos protagonistas, pero, personalmente considero que es la historia del taxista la película en que el aspecto de la obsesión es explorada a mayor detalle, en conjunto con el trastorno que esto produce en el personaje. La diferencia recae en que mientras Raging Bull o The Wolf of Wall Street sitúan sus tramas de una forma más épica a través de varios años, Taxi Driver demuestra la rápida y profunda obsesión que Travis Bickle, su protagonista, experimenta en tan solo un par de semanas y sus consecuencias.

Desde luego, Travis, como un veterano de guerra, sufre ya algunos trastornos desde el inicio de la cinta, como lo es el no poder dormir, aspecto que lo hace iniciar a trabajar como taxista en las noches. Pero poco a poco, conforme va lidiando con la sociedad decadente de Nueva York en plenos años 70, comienza a sentir un profundo disgusto por la “suciedad” que llena la ciudad y le rodea. La forma en que Scorsese crea una atmósfera claustrofóbica en tomas cerradas que cortan de la mirada espectadora de Travis a las escenas que conforman la ciudad, como pandilleros, proxenetas y adolescentes prostitutas, hace comprender al espectador el disgusto, el repudio de Travis hacia el ambiente en el que se encuentra.

La primera mitad de la película encuentra a Travis conociendo a Betsy, personaje interpretado por Cybill Shepherd, una voluntaria en la campaña del candidato presidencial Charles Palantine, y por quien Travis siente una gran admiración. Betsy es algo puro, diferente a la escoria con la que lidia cada noche. Sin embargo, fracasa en su intento de iniciar una relación con ella al llevarla a ver una película porno; luego de esto, Betsy no tiene ya ningún interés por Travis.

Sin Betsy, Travis se sumerge aún más en el agobio y el disgusto hacia la sociedad que le rodea. Adiós a la pureza. Llega conocer al mismo candidato Charles Palantine, a quien expresa su opinión de lo que sucede y su deseo de que alguien limpie la sociedad, pero no hay ningún efecto. No encuentra diferencia entre Palantine y los demás: si Travis quiere enfrentar la suciedad, tiene que hacerlo solo.

En medio de esta idea, sus frecuentes encuentros casuales con Iris, una prostituta de 13 años, le dan la idea de hacer algo que importe, de hacer un cambio real: Travis decide rescatar a la joven, quien en sí no está convencida de querer dejar esa vida. Así, luego de un fallido intento de atentado contra Palantine, Travis acude al lugar de Iris y enfrenta a quienes la tienen ahí, en una masacre clásica de Scorsese.

Al final, Iris vuelve a casa y Travis, luego de curarse de sus heridas, vuelve al trabajo y es considerado un héroe. Su estado mental, sin embargo, no se deja claro.

Scorsese explora la forma en que una obsesión surge, evoluciona y se desenlaza. Travis está trastornado desde el inicio, pero son las condiciones con las que lidia cada noche las que le hacen caer en su desesperación y en buscar hacerles frente. Como el mismo personaje expresa, “aquí tienen a un hombre que no aguantó más”, y de esta forma su obsesión por querer que se “limpie” la sociedad lo lleva a realizar algo extremo, de lo cual él mismo no espera sobrevivir, y no le importa. Travis simplemente no soporta más la inmundicia social y hará lo que deba para confrontarla.

Taxi Driver es la obra que define a Scorsese. No es la violencia, es la obsesión. Las razones y las consecuencias de la idea de su protagonista, el ambiente que la fomenta y el desinterés por lo que pueda suceder consigo a partir de la acción que éste se ha decidido realizar. Sin duda, el ejemplo perfecto de estudio de personaje y de la filmografía de Martin Scorsese.