Sploshing o el gusto de untarse comida durante el sexo

Una práctica que disfrutan las parejas gastrosexuales

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Sploshing o el gusto de untarse comida durante el sexo
Foto: Shutterstock

A quienes les gusta cocinar, comer y tener sexo en idénticas proporciones, es decir, a los gastrosexuales o sibaritas de la vida, esta práctica puede gustarles hasta el empacho. Se trata de excitarse embadurnados en comida, y en bebida, pues hay que digerir lo sólido, claro.

Este entrenimiento es ideal para los nostálgicos que pasaron los 40 y que todavía se ponen mirando esa escena de 9 Semanas y media en la que ambos protagonistas frente a un frigorífico se ponen a comer y a chuparse, hasta terminar frotándose con el menú.

El sploshing, así se llama esta variante fetichista, consiste en eso: untarse mutuamente (desnudos o vestidos) con lo que tengan a mano en la heladera para luego “devorar” el cuerpo del otro. La intención es aumentar el placer sexual estimulando las papilas que irán explorando sabores, texturas y olores, explica su inventor, un tal Bill Shipton.

Para el juego valen aquellos alimentos untuosos, ejemplo, crema, helado, flanes, tortas, miel, agua, jugo, yogur, fideos con tuco, sopas y cualquier comestible que no pique ni cause irritación en las zonas erógenas (evitar la pimienta, el ají, etc.).

Dentro de las locuras cotidianas que trama el ser humano en su incesante búsqueda por aumentar el goce, algo que data ya desde tiempos remotos cuando comenzamos a atribuirle poderes mágicos a ciertos alimentos, ésta debe ser de las técnicas más inocentes y menos arriesgadas. No causa dolor, ni la muerte de ningún ser inocente. A lo sumo engordamos, o nos rompemos la espalda fregando la escena después de la sesión.

Indagando en los infinitos laberintos de este club fue que encontré un ensayo titulado Cake Hols realizado por el fotógrafo vietnamita Jo Duck, que ha tenido la genial idea de retratar una serie de traseros aplastando pasteles, como síntesis del morbo. Y como corresponde, viene con videíto incluido (no apto para personas susceptibles). En fin, juzgad vosotros.

Con lo cuestan los productos de la canasta básica, creo que con un poco de paté en lata nos las arreglaremos bastante bien.

– Amanda Jot

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