A favor de un estado palestino

Ya es hora que los palestinos tengan su propio estado. Un estado autónomo y soberano. Un estado como los otros. Esta semana en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Mahmoud Abbas, el presidente palestino, presenta esa propuesta. Su sueño es regresar a las fronteras de 1967. Es decir, el estado palestino tendría como territorio el este de Jerusalén, Cisjordania y la franja de Gaza.

La violencia en el Medio Oriente ha cobrado demasiadas vidas a lo largo de las décadas. La opresión en la que viven los palestinos es insufrible. Israel tiene el derecho de defenderse. Pero no debe abusar de ese derecho. Su gobierno es intransigente. Hay medio millón de israelíes que viven en los Territorios Ocupados. El deber del gobierno israelí es sacarlos inmediatamente de allí.

El arrogante primer ministro Netanyahu hará lo contrario. Su estrategia diplomática está basada en la amenaza y la intimidación. De igual forma, los esfuerzos diplomáticos del presidente Obama son una vergüenza. En vez de ayudar al proceso de paz, lo torna laberíntico. Netanyahu y Obama no simpatizan. Esa incomunicación es exacerbada por el lobby judío en Washington, que distorsiona todo esfuerzo en pos del progreso.

Es posible que la propuesta de Mahmoud Abbas no vaya a ninguna parte. Tanto Israel como los Estados Unidos se oponen categóricamente a ella. Pero el rechazo de estos dos países es más peligroso que nunca porque la Primavera Árabe ha reconfigurado el ajedrez del Medio Oriente. Los dictadores de antaño han sido decapitados o sus regímenes han sido puestos en entredicho por los movimientos populares. Es decir, los leones están sueltos… El odio contra Israel, los judíos y Estados Unidos es enorme.

La propuesta de Abbas no es la de un estado binacional sino la de dos estados vecinos cuyas relaciones están basadas en la ley internacional. Esa una buena propuesta. Por supuesto, Abbas representa únicamente una parte del pueblo palestino; la otra parte la representa Hamas, que se resiste a reconocer a Israel como estado sobreaño e independiente. Es una lástima que esas dos mitades no quieran (o puedan) compenetrarse. Para variar y no cambiar la costumbre, esa escisión será usada por Israel y los Estados Unidos para enfatizar la división palestina. Pero esa estrategia sólo incrementará el rechazo de que estos países son blanco en el mundo árabe. Hace poco la embajada israelí en Cairo fue asaltada por las masas. Hay ataques similares en camino.

La opción conveniente es la conciliadora. Si Hamas, en su ceguera no quiere reconocer a Israel y el estado palestino como entidades libres y soberanas, debe hacerse a un lado. Los palestinos merecen la autodefinición, lo mismo que cualquier otro pueblo con historia. Esa autodefinición está conectada a la tierra, así como la autodefinición de Israel está vinculada a la tierra.

Estados Unidos ya no es la potencia internacional de antes. Su obligación en este momento es excusarse y dejar que los eventos en el Medio Oriente se desenvuelvan por cuenta propia. En cuanto a Israel, sin duda merece vivir en paz. Pero no le queda mucho tiempo para establecer una órbita geopolítica basada en el derecho internacional. Cada día la animosidad en su contra se incrementa en la región.