Diwali, festival de luces

Bendición Abuelas y Abuelos…

Quiero estar en la India. Desde satélite, el séptimo país más grande del mundo y el segundo más poblado reluce como galaxia terrestial durante esta temporada de Diwali, el festival de luces.

Saber que existe tanto resplandor en un mundo tan oscurecido por la violencia es limpiar la sangre y llenarse de esperanza.

Es la entrada del nuevo año hindú.

Se limpia y se adorna la casa. Se estrena nueva ropa. Se comparte dulces y regalos. Se reconcilia con los enemigos para que la diosa Lakshmi otorgue su bendición. Se explota fuegos artificiales para alegrar la noche y para espantar lo malo, como los demonios Narakasura y Ravana.

Mientras tanto, aquí es la temporada de vestirse de diablo. Se ensangrenta la cara con pinta labios. Se pide dulces y si no nos regalan, hacemos travesuras. Nos emborrachamos con el miedo. Ensuciamos la casa, la decoramos con telas de araña. Alumbramos calabazas talladas con caras espantosas. Apagamos las luces para andar por senderos oscuros.

En la leyenda, fue un camino largo para el príncipe Rama. Venía victorioso después de haber matado a Ravana, el rey de los demonios. Para guiar a Rama hacia su ciudad, los habitantes encendieron lámparas en las murallas y en los tejados.

Por los próximos días, estas luces alumbrarán bajo ojos humanos y vía satellite por igual. Es una buena oportunidad para recordar que, según los científicos, el 40% del cuerpo humano está compuesto por átomos de polvo de estrella.

Y como canta Tony Calá en NG La Banda, cada cuál nace con su estrella y cada cuál tiene su aché:

“Lucha por la vida porque la muerte está segura…si te veo caminando por la calle triste y pesaroso yo no me incomodo y te digo, ‘Iya mi ile odo’ [Yoruba: ‘mi sagrada madre y dueña de la tierra de los ríos’].”

Aquí faltan dos meses para la llegada del 2012. Pero el tiempo no importa. Las lámparas de barro nunca se vencen.