Mexicanos en Nueva York, un mosaico cultural

Nueva York – Una encuesta informal erróneamente sugiere que todos los mexicanos que viven en el estado de Nueva York (casi medio millón, según el Censo) provienen del estado de Puebla.

Pero desde indígenas de Oaxaca hasta charros de Jalisco, costeños de Guerrero y cosmopolitas del D.F., la diversidad mexicana se siente en Nueva York.

De acuerdo con estadísticas del consulado mexicano, después de los poblanos –quienes componen el 49% de los mexicanos en el estado de Nueva York – residentes de los estados de Guerrero, Oaxaca, México, Tlaxcala, Michoacán, Jalisco y el Distrito Federal comienzan a cobrar presencia en la ciudad y sus alrededores.

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Oaxaqueños en Staten Island

Rogelio Basurto, un mixteco de San Marcos Natividad, en Oaxaca, es parte de una compleja y creciente comunidad en Staten Island.

Basurto se comunica en español con dificultad. Como puede narra la batalla diaria de su pueblo por conservar su lengua y sus tradiciones.

Llegó a Staten Island en 1993. Desde entonces continúa alimentándose con alaches, quintonil y huazontle, productos importados desde el estado Oaxaca hasta este condado por comerciantes mixtecos.

La comunidad mixteca de Staten Island se rige bajo su propio sistema sociopolítico. Los ancianos son los consejeros y líderes de la comunidad.

“La palabra de los viejos se respeta porque sus ojos han visto más que los nuestros. Ellos nos curan. Tenemos buenos hueseros (sobanderos) que conocen los secretos de las hierbas medicinales”, dijo.

El mixteco lamentó la lenta desaparición de su lengua, pues los niños méxico-americanos de la comunidad sólo se comunican en inglés y español.

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Michoacanos y jaliscienses en Westchester

En New Rochelle, Westchester, las comunidades michoacana y jalisciense contribuyen con el crecimiento económico de la ciudad. En la calle Union, decenas de establecimientos comerciales destacan por su colorido y sabor a México.

Gerardo Rodríguez es uno de los cientos de inmigrantes michoacanos que llegaron a este condado en las décadas de los setenta y ochenta. Se hizo ciudadano americano en la amnistía de 1986 y desde hace 11 años comercializa paletas heladas tradicionales michoacanas en los cinco condados de Nueva York y estados contiguos.

“Hacemos paletas de sabores exóticos como aguacate, tequila, chirimoya, piñón y queso cotija. Es una tradición que viene de cuatro generaciones atrás en mi familia. La receta es auténtica de mi estado”, comentó.

Rodríguez anima a sus hijas a continuar con la tradición y “aportar un granito de arena a la nación que nos adoptó”.

Por su lado, Francisco Aguilar, de Quitupán, Jalisco, es propietario de un restaurante en la avenida principal de New Rochelle. El menú ofrece alimentos propios de su pueblo, como el Tejuino (bebida de maíz fermentado) y birria de res.

Orgulloso en un sombrero de palma, y con una gran sonrisa adornada por un grueso bigote, el jalisciense habla con nostalgia acerca de su tierra, en donde el agave azul llora tequila y los charros cantan al son del mariachi.

“Somos gente bravía. Crecimos montando toros y arando la tierra. En Estados Unidos, mi gente trabaja duro y su corazón sólo habla de honestidad. Así somos los de Jalisco”, expresó.

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Guerreros en East Harlem

En la Ciudad de Nueva York, los inmigrantes de Guerrero constituyen el segundo grupo más grande después de la comunidad poblana.

En East Harlem, Reina González, de San José Laguna, Guerrero; mueve las manos con destreza para formar gruesas tortillas que cuece en un “comal” (plancha delgada) al rojo vivo. Su pequeña cocina expide un tenue olor a cecina (carne seca salada) y chiles secos para la “salsa macha” que engrandece el sabor de sus platos.

“Las mujeres de Guerrero somos fuertes y muy trabajadoras. Nos preocupamos por mantener a la familia unida. Somos madres muy dedicadas”, explicó González.