Se alistan para rememorar el Día de Muertos

Comunidad mexicana tiene una particular forma de recordar a quienes partieron

NUEVA YORK – Los hispanos del área -particularmente los mexicanos- toman un momento para no olvidar una costumbre muy arraigada en varios países de nuestro continente: La recordación del Día de los Muertos o Día de los Difuntos.

Aunque esta celebración es mayormente ligada a México, en otros países de Latinoamérica también se conmemora, como Ecuador, Guatemala, Perú y El Salvador.

En la Gran Manzana, los mexicanos empiezan los preparativos para una tradición milenaria.

Margarita Larios, de Atlixco, Puebla, llegó Nueva York en 1974. Para entonces, las familias mexicanas eran pocas y el Día de los Muertos una tradición desconocida en la ciudad.

La necesidad de recordar a sus seres queridos fallecidos como si estuvieran con vida, llevó a doña Margarita a transmitir a sus hijos la tradición que le heredó su abuela.

Larios aprendió por sí misma a elaborar calaveras de Papel Maché, una técnica de escultura a base de papel y engrudo (mezcla de almidón, agua caliente y limón).

Con destreza, doña Margarita da forma a esqueletos bailarines, “Adelitas” (soldaderas de la Revolución Mexicana) y calaveras dientonas con grandes sonrisas.

“Tengo 12 nietos y una bisnieta que cada año viene a mi hogar para poner nuestra ofrenda. Yo hago un altar para mi madre, mi abuela y mi nuera. Aunque este lejos de mi tierra, no me olvido de mis raíces”, asegura.

En vísperas del primero de noviembre, doña Margarita cocina el tradicional dulce de calabaza con panela (melaza compacta), canela y anís. También hace tamales, mole poblano y chocolate con cacao importado de México.

“El olor del copal (incienso), la comida y la flor de cempaxúchitl me recuerdan a mi país. Con este festejo, reafirmamos la fe en que nuestros muertos viven y que tenemos un día para sentir su presencia”.

El pan es un elemento esencial en los altares. La hojaldra, el conejo, el pan blanco, el “pan chilo” y el muertito, son piezas de repostería imprescindibles.

José Contreras, un residente de Queens que aprendió el oficio de panadero en su natal San Pablo del Monte, Tlaxcala, cada año elabora los panes que los mexicanos pondrán en sus altares.

“Las canillas de las hojaldras representan huesitos de muerto. Este pan se puede hacer de guayaba, nuez y pasas”.

Contreras, quien labora en la panadería Tulcingo, se siente orgulloso de que otras comunidades degusten el pan de muerto.

“Las hojaldras dejaron de ser patrimonio exclusivo de los mexicanos. Personas de países diversos como la India, China y Corea también disfrutan de nuestra tradición”.

Estando en Queens, José no puede preparar las hojaldras con agua naciente de la tierra y cocinarlas en horno de ladrillo y leña, pero procura seguir al pie de la letra la receta tradicional.

Cada estado mexicano tiene una forma de colocar la ofrenda o el altar de día de muertos. Para algunos nativos de Morelos usan los vestuarios de los Chinelos (danza tradicional) como ornamento.

Gregorio Santiago, quien reside en Staten Island desde hace 15 años, acostumbra colocar en su altar un dulce conocido como “calabaza enmielada”. El mexicano disfruta explicar a sus amigos y vecinos la diferencia entre Halloween y el Día de Muertos.

“Nuestro festejo es muy espiritual. En este día la muerte es sinónimo de fiesta, pero también de reflexión. En familia cocinamos los platos tradicionales y los compartimos con la comunidad”.

Gregorio, originario de Anenecuilco, Morelos, dijo que al cruzar la frontera, trajo consigo la historia de su país.