Una visión limitada

Un amigo de mi hijo es un jugador excelente de fútbol, pero tiene problemas con su visión: tiene la visión periférica muy limitada. Por eso puede ver todo lo que se encuentra directamente enfrente, pero no puede ver quienes se les acercan del lado derecho o izquierdo. Como resultado, muchas veces pierde la pelota de personas que no ha podido ver.

La Biblia nos instruye muchas veces de la necesidad de prestar atención a los que se encuentran al margen de la sociedad. Jesucristo nos manda que “como has hecho a los menores de mi pueblo, así lo has hecho a mí”. Da el ejemplo de la mujer que deja todo en su esfuerzo de hallar una sola moneda perdida, y dice “Benditos sean los pobres, pues heredarán a la tierra”.

El poder tiene que hacer que la gente olvide. ¿Qué les importan los jóvenes alumnos de Alabama que no pudieron asistir a la escuela porque sus padres no tienen papeles? ¿Qué les importan a la persona que se encuentra en la oficina más poderosa del mundo los que cosechaban el algodón en Alabama y ya están huyendo de aquel estado, dejando atrás sus pobres pertenencias? ¿Qué les importan al presidente de México las madres hondureñas que viajan por todo México en una caravana para protestar en contra de la desaparición de sus hijas e hijos en el camino hacia el norte -tal vez violadas o asesinadas con su paradero ya desconocido? Estas personas ni siquiera aparecen en los sondeos de opinión pública que son tan importantes para los políticos.

Los que controlan el poder deben hacer caso a las palabras de Jesucristo y las lecciones de la Biblia. Pues la mayoría de nosotros hemos caminado en los zapatos de los hombres, mujeres y niños que han vivido de un día al otro en temor de que puede haber en las sombras. Si no hemos experimentado en carne propia, conocemos a alguien, un familiar, que sí lo ha experimentado.

Por eso es que el presidente Obama ya debe usar su autoridad ejecutiva para ordenar que el Departamento de Seguridad Interior (Homeland Security) del gobierno federal no coopere con la ley racista en Alabama. La secretaria Napolitano dijo esta semana, que no tiene intenciones de cooperar con dicha ley, pero lo que importan no son las palabras sino las acciones, y vamos a ver qué es la verdad.

No será posible que Homeland Security oculte el número de personas de Alabama que deportan, tras ser entregadas a ellos por policías que están parando a todo latino que encuentran, pidiendo papeles a todo el mundo.

Como respuesta a nuestra indignación que surgió porque él había deportado a un millón de personas, el presidente Obama nos prometió que iba a usar su “autoridad ejecutiva y su discreción” para no deportar a aquellos indocumentados que tienen hijos o cónyuges que son ciudadanos norteamericanos, ni tampoco a los jóvenes que han estado aquí desde la infancia. Prometió revisar 300,000 casos de personas ya en vías de ser deportadas. Pero este proceso de revisión no ha comenzado aunque las deportaciones continúan.

Estamos observando a Obama que ha decidido hacer uso de su autoridad ejecutiva para una serie de acciones administrativas que ha tomado mientras que el Congreso se queda paralizado por el empate político. Esto es políticamente astuto como hace su campaña en contra de un Congreso controlado por los republicanos. ¿Acaso utilizará estos poderes administrativos a beneficio de nuestras familias y nuestros jóvenes, como prometió?

¿Acaso el presidente de México abrirá su corazón al sufrimiento de los migrantes que se encuentran atropellados tanto por los carteles de narcotraficantes como por las autoridades mexicanas?

Los que se encuentran obligados a abandonar a sus patrias y sus propios hogares para trabajar en la economía de otro país, porque la brutalidad de la economía global y la codicia de unos cuantos, ya son cientos de millones. Juntos, repartidos en todo el planeta, separados de sus familias, son más numerosos que las poblaciones enteras de muchos países. Constituyen una nación sin país, sufren mucho y son cada vez más. U