Batalla entre hermanos por un monumento

Fue dura la lucha que se tuvo que librar para que Washington Heights y Belle Harbor alcanzaran un acuerdo

Nueva York – La fatal caída del vuelo 587 de American Airlines abrió profundas heridas en dos comunidades que tienen muy poco en común; tan poco, como que cada una está localizada en extremos opuestos de la línea A del tren.

En Manhattan, era imposible no sentir el dolor que emanaba de la abatida comunidad dominicana, concentrada en Washington Heights. Es que el vuelo 587 salía de Nueva York hacia Santo Domingo y cuando se estrelló el 12 de noviembre de 2001 llevaba 260 personas abordo. Cerca del 90% de ellos eran dominicanos. Sus hijos, esposos, madres, amigos, ahijados, conocidos…

Mientras tanto en Queens, la comunidad de Belle Harbor estaba atónita, traumatizada, sin poder creer aún que en sus predios se había estrellado un avión. Y es que no hacía dos meses que este vecindario de clase media, cuyos residentes eran de origen irlandés e italiano, lloraba la pérdida de varios de los suyos -bomberos y policías- que murieron en los atentados de septiembre 11. Cuando comenzaban a sentir un poco de paz, el Vuelo 587 cayó en un tranquilo bloque de casas; destruyendo cerca de siete y matando a cinco vecinos.

En un principio, el luto estrechó los lazos entre los residentes de estas dos comunidades.

Sin embargo, según fue pasando el tiempo y se fueron recuperando las fuerzas, comenzó a dividir a estas comunidades, al punto de convertirlas en casi enemigas. La raíz de la discordia era cómo y dónde se iba a recordar a las víctimas de la tragedia.

De acuerdo con Jonathan Gaska, representante de distrito del consejo comunitario 14, que cubre el área de Belle Harbor, “el asunto no tenía que ver con quién había sufrido más, eso nunca estuvo en discusión. Las disputas surgían a la hora de debatir dónde sería colocado el monumento de recordación”.

Para las familias de las víctimas dominicanas y los grupos que las representaban -como la Alianza Dominicana y la Asociación de Familias del Vuelo 587- la localización apropiada para levantar el Monumento era el lugar exacto donde se estrelló el avión, en la intersección de la Calle Beach 131 y la Avenida Newport.

En defensa de esta postura, Moisés Pérez, quien presidía la Alianza Dominicana en el 2002, explicó que para las familias de las víctimas el lugar donde cayó el avión era su “Zona Cero”. Y añadió: “Donde quiera que decidan poner el memorial será bien recibido, pero hay una conexión espiritual especial con este lugar donde los espíritus de las víctimas fueron separados de sus cuerpos”.

Sin embargo, varios residentes de Belle Harbor no querían que el monumento se construyera en su vecindario porque, según dijeron en ese entonces a reporteros locales, les parecía inapropiado para una zona residencial. Un residente que prefirió no ser identificado fue citado por el periódico de Far Rockaway “The Wave” diciendo: “Mi madre murió en un hospital. Yo no voy al hospital a recordarla ni a llorar por ella. Voy al cementerio, donde ella está enterrada. Esta gente (refiriéndose a los familiares de las víctimas) deberían hacer lo mismo”.

El asunto terminó por dividir también a los residentes de Belle Harbor, de acuerdo a editoriales y sondeos publicados por “The Wave”. Aunque según Gaska, la mayoría de los residentes en Belle Harbor “no querían un monumento del tamaño y alcance del que se estaba hablando (…) La gente estaba preocupada, esto era una comunidad, no un cementerio”.

Al no llegar a un acuerdo, las familias dominicanas interpretaron esa resistencia de los vecinos de Belle Harbor como discrimen racial. Pensaban que la verdadera razón por la cual los locales no querían el monumento allí era para evitar que ellos visitaran la comunidad. Los ánimos se exaltaron aún más cuando en el 2003 la Ciudad removió una pared de madera que estaba cubierta con fotos y tributos a las víctimas.

Belkis Lora, quien perdió a su hermano en el accidente y hoy día preside la Asociación de Familias del Vuelo 587, dijo que no entendían la renuencia de Belle Harbor a la construcción del monumento. Confirmó que en un principio las familias dominicanas juraban que la decisión estaba puramente motivada por “el discrimen hacia los hispanos”.

Ciertamente, en “Wounded City”, un libro sobre el 9/11 y los meses subsiguientes, la autora Nancy Foner describe a los residentes de Belle Harbor como “poco empáticos con las familias dominicanas que visitaban el lugar para llevar sus tradicionales coronas y flores”.

Inicialmente, el que era congresista por el distrito, Anthony Weiner, comenzó un proceso de mediación entre quienes favorecían y los que se oponían a la construcción del monumento en el lugar del accidente. Al tiempo que esto se daba, otras propuestas cobraron vida, incluyendo el que la Ciudad tomara posesión del lugar del accidente y en el 2004 erigió una placa en el lugar.

Pero esto no era suficiente para las familias de las víctimas, que insistían en algo más grande.

En manos del exasambleísta Guillermo Linares, quien fue concejal por Washington Heights y comisionado de la Oficina de Asuntos del Inmigrante de la Ciudad, quedó la labor de realizar encuestas para la oficina del Alcalde y de organizar reuniones con familias y miembros de la comunidad.

Lora recordó que “en esas reuniones, nosotros, los familiares de las víctimas, podíamos ver el dolor y el trauma que también sufrieron (los residentes de Belle Harbor) … Nosotros perdimos miembros de nuestras familias en el vuelo, ellos perdieron familiares en tierra”. Fue en esos días que “decidimos dejar de pensar que se estaba discriminando contra nosotros por ser hispanos”. “Dijimos, bueno, vamos a escuchar”, comentó.

Así las cosas, algunas de las familias de las víctimas del Vuelo 587 que inicialmente habían rechazado la construcción del monumento en cualquier lugar que no fuera en donde se estrelló el avión comenzaron a considerar otras posibilidades. “Nosotros pensamos ‘vamos a conseguir otro lugar’”, aseguró Lora.

Finalmente, las partes acordaron construir el Monumento de Recordación en la Calle Beach 116, en un lugar de cara al mar y a sólo 15 bloques de donde cayó el avión. Cinco años después del accidente, la obra, realizada a un costo de $9.2 millones, fue abierta al público. En el lugar exacto del accidente permanece, bajo un árbol, la pequeña placa que había ordenado colocar el Alcalde.

Hoy día, en Belle Harbor, varios vecinos dijeros estar satisfechos con que el monumento se construyera fuera del vecindario, pero insisten en que no les molesta que todavía algunas personas van directamente a vistar el lugar donde está la pequeña placa.

Barbara Fernley, que nació, se crió y todavía vive en Belle Harbor, quedó momentáneamente sin habla al recordar la tragedia. Pero no se quedó callada al preguntarle por la controversia que desató el monumento. Dijo que la problemática era “sobre cuán grande sería, pero todo el mundo quería que se hiciera algo”. “Hubo gente que perdió sus vidas aquí, en la esquina. Otros perdieron sus hogares. Es una comunidad pequeña por lo que hay muchas familias conectadas con otras”, añadió.

Dejó claro que la polémica hubiese sido la misma si las víctimas hubiesen sido de cualquier otro país. “(La nacionalidad) no importaba, para nada. Se trataba de vidas perdidas y creo que todos estábamos conmovidos”.

Otra vecina, Cathy Conigan, se había mudado a Belle Harbor un año antes de la tragedia. Contó que aunque no se involucró en el debate, se siente contenta de que el monumento no esté en pleno corazón del vecindario.”Creo que es un buen lugar en donde está localizado ahora, es pacífico, bueno. La gente viene todos los años, para los aniversarios. Hacen su oración en el lugar del accidente y luego se mueven al área del monumento”.

Por último, una mujer que sólo se identificó como Rachel y que vive a un bloque de donde ocurrió la desgracia, recordó que ese día salió corriendo de su casa con sus gemelos, que estaban pequeñitos. “Creo que siempre es bueno recordar a la gente que han muerto de forma inocente. No estoy ni a favor ni en contra del monumento aquí. Sólo creo que es algo terrible, terrible, de cualquier forma que lo mires”.

Su esposo, Stephen, dijo que cada aniversario familiares de las víctimas visitan el área donde está localizada la placa y la escena es devastadora: “Los veo ahí y es realmente triste”.

La pareja relató que tras el accidente no consideraron mudarse y acordaron que aún cuando se construyera un monumento enorme en el lugar no se mudarían. “Hubiésemos permanecido” dijo Rachel. “Rockaway es realmente un lugar tranquilo y no hay sitio en el mundo que se le compare”, añadió su esposo.

El monumento en memoria de las víctimas del Vuelo 587 fue desvelado cinco años después del accidente, en noviembre de 2006.

Se trata de una estructura semicircular de mármol vino, diseñada por el artista dominicano Freddy Rodríguez y Situ Studio. En bloques intercalados se encuentran inscritos los nombres de las víctimas. Y, entre bloque y bloque hay unos espacios que permiten ver hacia el mar y que en los aniversarios se llenan de flores y otros recuerdos que dejan los familiares. “Estamos satisfechos con este monumento” dijo Lora. “Consuela saber que tenemos un lugar en paz y tranquilidad para presentar nuestros respetos a nuestros seres amados y donde podemos dejar una flor”.

En el centro del monumento hay una apertura, una especie de puerta hacia la República Dominicana, a través de la cual los visitantes caminan al paseo tablado o hasta la playa.

Sobre esa puerta, en español e inglés hay un verso del poeta dominicano Pedro Mir: “Después de todo, lo único que quiero es paz”.

Y 10 años de haber sido golpeadas con fuerza, es la paz es lo que prevalece entre estas dos comunidades.