Inmigración, oferta y demanda

El argumento central del movimiento anti-indocumentados es que los que están aquí sin papeles representan una carga para el estado. No pagan impuestos y toman ventaja de servicios públicos. Cuando usan hospitales, suelen no pagar, dejándoles la cuenta a los usuarios honestos.

Si los indocumentados vienen primordialmente para gozar de los servicios públicos de este país, entonces esperaríamos ver más demanda – y por lo tanto más inmigración ilegal – cuando se necesitan esos servicios más urgentemente, como cuando hay menos empleo al sur de la frontera. Dado la deceleración económica actual en los países que producen inmigrantes a los EE.UU., hoy esperaríamos ver un decremento en el numero personas tratando de cruzar la frontera.

Pero está pasando lo opuesto – hoy hay menos tratando de evadir las autoridades norteamericanas.

Si el argumento del movimiento anti-indocumentado tiene tanto sentido, ¿cómo es posible?

Es porque la gran mayoría de inmigrantes, con o sin papeles, vienen para trabajar, y sobre todo para tomar trabajo que nadie más quiere. Por eso la inmigración sube y baja con el ritmo económico: cuando hay mas trabajo en los EE.UU., vienen mas personas del sur, y viceversa.

Hoy la económica norteamericana esta sufriendo y, con ella, el mercado laboral. Hay menos trabajo y mas desempleo, y muchos desempleados están dispuestos a tomar trabajo que en época de boom evitarían. Eso deja menos oportunidades para inmigrantes.

Y si las cifras nos dicen que la fuerza más potente detrás de la inmigración es la demanda para trabajadores y no la oferta de servicios sociales, entonces lo más probable es que la inmigración, legal o ilegal, contribuye a nuestro bienestar económico colectivo. Si la gran mayoría de inmigrantes vienen para llenar puestos que de otra manera seguirían vacíos, tiene que ser que la inmigración aumenta la actividad económica y el bienestar general.

Lo que son malas noticias para los que están convencidos de que la inmigración perjudica nuestro bienestar.