Acción de Gracias

Guía de Regalos

El Día de Acción de Gracias en los Estados Unidos siempre me ha parecido un día festivo tanto raro como contradictorio. Según dicen, esa celebración comenzó con una cena que los colonizadores celebraron juntos con la gente indígena que les habían enseñado como cultivar el maíz y cómo sobrevivir en las condiciones difíciles de la nueva tierra. Con el transcurso de los años, el día festivo se fue convirtiendo en una ocasión para darle gracias a Dios por sus bendiciones, celebrada por medio de una gran cena. Usualmente en centro de la mesa se encuentra un guajolote asado. El día antes de Acción de Gracias, por costumbre los niños de escuela primaria presentan una pequeña drama en la cual se visten de “peregrinos” e “indígenas”, y hasta como guajolotes, para conmemorar la historia del primer Día de Acción de Gracias.

En estos tiempos económicamente tan difíciles, conviene reflexionar sobre las bendiciones de nuestras familias, pues no importa cuan difícil se encuentra la vida, los lazos que nos conectan nos dan una meta en la vida además del amor y la satisfacción, y el placer de ver crecer a nuestros hijos.

Aun así, no puedo quitarme de la mente el genocidio que se practicó en contra de las naciones indígenas en el proceso de la creación de los Estados Unidos. ¿A cuántas familias masacraron? ¿Cuántos niños quedaron sin nada que comer y sin padre o madre en los días de Acción de Gracias que sucedieron después de aquella primera ocasión?

Y me pregunto: ¿Cómo será el Día de Acción de Gracias en los hogares de los legisladores de Alabama y Carolina del Sur, que aprobaron leyes que hacen ilegal tener una persona indocumentada en su mesa? Como comen su carne de pavo, me pregunto si piensan de la situación de las familias de la gente que cosecharon y prepararon la comida en sus mesas.

Me pregunto si piensan en la madre embarazada y sus hijos, ciudadanos norteamericanos, que van a atravesar un Día de Acción de Gracias en que al padre lo están deportando, los niños llorando por su papá, la madre preocupada por lo que van a hacer para pagar la renta ya que el padre no está.

Me pregunto si piensan en las madres que se montan encima de los trenes en México con fines de regresar a sus familias en los Estados Unidos, compartiendo un pedacito de pan, viajando con el temor de que alguien las asalte o ataque sexualmente.

No deseo que nada malo acontezca a las familias que celebran sus cenas del Día de Acción de Gracias cómodamente en sus hogares, aun si esto viene a costa de otros que sufren. Pero me acuerdo de otra cena que se describe en la Biblia.

Jesucristo contó de un hombre que preparó una cena e invitó a toda la gente importante de su pueblo, pero ellos se encontraban demasiado ocupados. De modo que el hombre envió a su gente para invitarle a la gente pobre de las calles y los callejones. Esta parábola de la cena se refería al reino de Dios, donde los que se han sacrificado para su familia, su prójimo y su pueblo estarán invitados pero los hipócritas van a quedar fuera.

No deseo que nada malo pase a nadie. Y doy gracias en nombre de mi propia familia y de todas las familias que se esfuerzan para mantenerse unidas y para encontrar la manera que sus hijos progresan en un mundo duro. De verdad que Dios nos bendice en muchas cosas.

Pero cuando sus hijos vayan a la escuela, no permiten que les asignen el papel del guajolote.