¿Somos pobres?

Qué es la pobreza y quién es pobre en Estados Unidos. Legisladores deberían detenerse a pensar en estas definiciones cuando establecen nuevas políticas en estos difíciles tiempos fiscales. Claro que juzgando por el vergonzoso fracaso esta semana del comité del Congreso que trabaja en reducir el déficit, nuestros legisladores están prestando muy poca atención a lo que recomienda el público.

Pero al menos la Oficina del Censo está tratando de responder estas importantes preguntas, proponiendo un nuevo método para calcular la pobreza que muestra una imagen mucho más precisa de la pobreza.

La nueva fórmula, llamada Medida Suplementaria de Pobreza, toma en cuenta los gastos de manutención familiar e ingresos por beneficios sociales, los cuales son ignorados por la fórmula oficial.

Cuando el costo de la vivienda, vestimenta, transporte, cuidado infantil y servicios públicos son incluidos -como debe ser- lógicamente vemos más personas que luchan por salir adelante y viven vidas de pobres, aunque oficialmente no lo sean.

La nueva fórmula coloca el índice de pobreza en Estados Unidos en un 16.1%, frente a los 15.2% reportado oficialmente en septiembre. Eso es alrededor de 49.1 millones de personas.

En este grupo, los ancianos tienen el mayor aumento de la pobreza, casi duplicándose a un 15.9%, en gran parte debido a los costosos gastos médicos. Y por primera vez hay más hispanos que viven en la pobreza (28.2%) que los afroamericanos (25.4%). Esto puede explicarse por la baja participación de los inmigrantes que no hablan inglés en programas públicos.

Pero lo más importante de este cálculo es que el hecho de repensar quién es pobre ayuda a la comprensión del papel fundamental que los programas de protección social desempeñan en mantener a la gente alejada de la pobreza. A pesar del aumento de la tasa de carencia, según la nueva medida, cerca de 98 millones de personas están por encima del índice de pobreza gracias a los programas públicos.

La lección a aprender es que los programas de gobierno como el seguro por desempleo, Medicaid, Medicare y los créditos fiscales para los pobres deben ser protegidos de recortes presupuestarios motivados por intereses políticos. Si nuestros legisladores tienen éxito en proteger estos programas de las alocadas propuestas de reducción del déficit, tal vez el próximo año los estadounidenses tendrá algo que agradecerle al Congreso.