Crisis entre Irán y la Gran Bretaña

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Londres/EFE – Las difíciles relaciones entre el Reino Unido e Irán llegaron ayer a su punto de mayor tensión en décadas con la decisión del Gobierno británico de cerrar su embajada en Teherán y expulsar a la vez de Londres a todos los diplomáticos iraníes.

En una comparecencia en la Cámara de los Comunes, el ministro de Exteriores británico, William Hague, ordenó el cierre inmediato de la legación iraní y dio un plazo de 48 horas a sus diplomáticos para que abandonaran el Reino Unido.

Al tiempo, anunció que todos los diplomáticos británicos han abandonado ya Irán, donde la embajada del Reino Unido ha sido también cerrada.

Esta fue la contundente respuesta del Ejecutivo británico al violento asalto de ayer a su fortificada embajada en Teherán, llevado a cabo por jóvenes islamistas radicales y del que el Reino Unido responsabiliza al Gobierno iraní por no garantizar la seguridad de su misión diplomática.

En este sentido, Hague explicó que, debido a las políticas de derechos humanos y los programas nucleares de Irán, las relaciones de Teherán “son difíciles con nosotros y otros países”, pero esto “nunca puede poner en juego la seguridad de los diplomáticos”.

El jefe del Foreign Office insistió en que ese incidente supuso “una violación” de las leyes internacionales y más en concreto de la Convención de Viena, que obliga a los gobiernos a garantizar la seguridad del personal diplomático y embajadas extranjeras en su territorio.

Con el lenguaje más duro que se puede utilizar a nivel diplomático, el ministro de Exteriores denunció que las autoridades iraníes no hayan protegido su embajada, “algo por lo que cualquier nación se avergonzaría”, y acusó a los 200 manifestantes implicados de formar parte de la milicia de estudiantes Basij “controlada por elementos de régimen iraní”.