Cándida no debe perder su candidez

Nueva York – En aquellos tiempos, los patios enclavados en los barrios de la parte alta de la capital, estaban sembrados de zapaterías. Su padre, Dulce el zapatero, como le conocíamos, tenía uno de esos negocios, justo en aquel callejón que pendía desde la calle Erciná Chevalier, hoy Juana Saltitopa, en el sector de Villa Francisca, de la capital, Santo Domingo.

Fue en esa ocasión, que vi a los hombres con torsos desnudos y sudorosos, hiriendo con fiereza y destreza, las suelas de los zapatos que calzaban a los dominicanos. Tenían extraños sobrenombres, entre otros; si mal no recuerdo, sonaban Calamina, Mantequita, Canela y Macá. Todavía no sabía de ella, pero mucho menos, podría imaginarme que al correr de las décadas la conocería en un tramo no tan distante, en lo que era la calle Félix María Ruiz, que al paso del tiempo fue rotulada con el nombre de la avenida México.

Supongo que tal vez, mi hermano Maquiquí (otro único y muy particular apodo), que fue aprendiz en su taller, sí sabía del paradero de Dulce el zapatero. Hoy, en algunos sectores ligados al palacio de la Presidencia se la conoce como Candy; este diminutivo, quizás sea la lisonja a la potencial próxima primera dama de la República.

Hoy, irónicamente, no la imagino como primera dama; pero entiendo que por el ambiente de izquierda en que se crió, no es una advenediza, esto aún sin ser militante o simpatizante de los grupos de izquierdas, que adversaban al gobierno de los doce años, que encabezó el doctor Joaquín Balaguer.

Y si no imagínola como la compañera potencial del presidente del próximo gobierno de turno, es porque me resisto a creer que esta mujer, hoy esposa del candidato presidencial Danilo Medina, se convierta al igual que su predecesora, en una millonaria dama sombrerera; pero también soy renuente a aceptar que ella convenga en manejar un presupuesto millonario que sobrepase los 600 millones de pesos, cuando aún, en los barrios en donde discurrió su limpia adolescencia, hay hogares con madres desvalidas y niños que no pueden completar o iniciar sus estudios, por falta de recursos económicos.

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