Tras Irak, ‘a comer pasteles y a comer lechón’

Tras Irak, ‘a comer pasteles y a comer lechón’
La Sargento Norma Mojica, muestra con orgullo la serie de reconocimientos que ha recibido por autoridades locales, por su activa participación en las fuerzas armadas.
Foto: Fotos: Damaso Gonzalez

Nueva York – Para la Sargento Norma Mojica, el fin de las operaciones militares en Irak no sólo representa un alivio espiritual, sino también una enorme oportunidad de disfrutar la Navidad al lado de sus cuatro hijos, sino también comer sus platos favoritos.

“Ya extrañaba las habichuelas. Lo primero que hice al llegar a Estados Unidos, fue buscar mi arroz, mi pernil, mi café y mis empanaditas. Eso fue lo que extrañé más”, dijo la militar en tono jocoso, como recordando el famoso tema navideño de El Gran Combo.

Sentada junto a las casi una decenas de reconocimientos y fotografías, en donde funcionarios electos y organizaciones civiles, la soldado de origen puertorriqueño calificó de buen trabajo lo realizado en Irak, en donde a su juicio, “se liberó a un pueblo de un dictador” y “se hizo justicia a las víctimas” de los ataques terroristas en Nueva York.

“Pienso que el ejército estadounidense hizo bien su trabajo. Mucha gente nos dio las gracias, aunque otras hicieron lo posible por acabar con nuestras vidas”, dijo Mojica.

La sargento, quien labora en el área de Recursos Humanos, dijo que pese a que su trabajo no requería estar al frente en el campo de batalla, la base en donde se encontraba era objeto de constantes ataques por parte de grupos armados. Recordó que vivían en constante temor y que en su última semana en Irak, al menos cinco de sus compañeros perdieron la vida.

A pesar de todo, Mojica considera que sólo los soldados caídos son los héroes, mientras que ellos son simples soldados.

“Los héroes son aquellos que perdieron la vida en el frente de guerra y que no pudieron retornar con sus familias. Los héroes son aquellos soldados que sufrieron heridas graves en aquellos momentos más complicados de la guerra”, dijo Mojica, al tiempo que intenta contener sus lágrimas.

Pero los costos de la guerra no fueron pocos, agregó Mojica.

“Me tocó ver a muchos soldados que eran traídos a la base de Bucca, en la ciudad de Umm Qasr con graves heridas. A mí misma me tocó atender a algunas personas heridas, o que que sufrían de esquizofrenia y se deprimían”, reveló Mojica.

Pese a que las operaciones han concluido en Irak Mojica se siente lista para la próxima batalla, no sin antes hacer una escala para pasar al menos las fiestas decembrinas al lado de los suyos.

“Me siento contenta y muy afortunada de poder ver de nuevo a mis hijos. Hay muchas familias que no pudieron hacerlo y eso es lo triste en una guerra”, dijo Mojica, de 43 años de edad.

En ese mismo tono se expresó el sargento Mathew Negrón, de 26 años de edad. El joven retornó de Irak luego de permanecer dos años en la base de Bucca auxiliando en las operaciones de vigilancia a los prisioneros iraquíes. “Me siento contento de haber servido a mi país y de haberlo hecho bien”, dijo el joven soldado. “Creo que seguimos al pie de la letra todo lo que se nos enconmió”.

Negrón dijo que pese a que arribó a Irak en momentos de relativa calma, constantemente eran atacados por grupos armados en las carreteras y en la misma base.

“Vine sin ningún rasguño, gracias a Dios, pero me tocó ayudar a varios compañeros con heridas graves y eso es lo triste”, recordó Negrón.

Acerca de su compromiso con las fuerzas armadas, dijo que se siente listo para otra asignación, pero antes quisiera cumplir con dos compromisos: pasar las fiestas de fin de año al lado de los suyos y concluir sus estudios universitarios.

Por lo pronto, el joven de origen puertorriqueño deberá reportarse pasadas las fiestas decembrinas para una serie de ejercicios militares en Kuwait. Mojica, por su parte, comenzará sus entrenamientos a principios de abril, para luego viajar a Afganistán.