Oro, incienso y mirra

Bendición Abuelas y Abuelos…

Anoche llenamos una cajita de zapatos con paja, cigarros y otros antojitos para los Magos. La pusimos debajo de la cama, anticipando lo que precisamente encontramos esta mañana: oro, incienso y mirra.

¡Gracias, Maguitos!

Después de las injurias económicas del 2011, ¡cuánto necesitamos el oro! A través de culturas y los tiempos, este metal precioso siempre ha sido rey. De hecho, como durante la fiebre de oro en California desde 1848 a 1855, los últimos dos años han visto la acumulación en oro de los fondos de alto riesgo más grandes del mundo. Muchos inversores pensaban que tales apuestas proporcionarían una cobertura efectiva contra la inflación o que el oro serviría como el lugar más seguro en donde estacionar dinero en efectivo mientras el mercado mundial tambaleaba. Pero qué sorpresa para ellos el pasado septiembre, cuando cayeron los mercados bursátiles en todo el mundo, y el oro también se fue de cabeza. No pasa nada. Seguiremos fiebrudos: a pesar de la retirada, el oro actualmente sigue siendo una de las inversiones más rentables, con una ganancia de 22%.

Entonces, prendamos el incienso para que su humo fragante transporte nuestras esperanzas para el 2012 al cielo. No nos estrecemos con el rojizo hedor de esta economía. El incienso ha sido elogiado por sus propiedades medicinales y relajantes. Los herbolarios dicen que es calmante, restaurativo, suavemente aclarante y meditativo. Estimula, tonifica, y calienta. El mundo antiguo usaba el incienso para curar la depresión.

Sobreviviremos como el Commiphora myrrha, aquel arbolito fuerte y desaseado que crece en las regiones semi-desérticas del norte del África y el Mar Rojo, y que produce la mirra. Palabra árabe, ‘mirra’ significa ‘amargo’. Este chicle natural se usa para sanar heridas, debido a su fuerte antiséptico y propiedades anti-inflamatorias. Se usa para tratar moretones y sangrados, como ingrediente en pastas de dientes, enjuagues bucales, y para prevenir y tratar las enfermedades de las encías.

Gracias a Melchor, Gaspar y Baltasar, aguantaremos el 2012.