Martha Gualotuna:Ecuatoriana ejemplo de lucha y perseverancia

Martha Gualotuna:Ecuatoriana ejemplo de lucha y perseverancia
Foto: Gloria Medina / EDLP

Nueva York – Esposa, madre de ocho hijos y mecánica. Martha Gualotuna ha demostrado que si se quiere, se puede. Aprendió el oficio de mecánica cuando se casó en Quito, Ecuador, y ha seguido con la profesión en la Gran Manzana. La ecuatoriana, de 53 años, divide el día entre atender a sus hijos en el vecindario de Corona donde vive y trabajar en el taller que tiene en Willets Point, Queens. Ahora lidera una lucha contra las autoridades para que le permitan continuar con su negocio al igual que a sus compañeros de lo que llaman el Triángulo de Hierro.

¿Por qué eligió la profesión de mecánica?

Era la profesión de mi esposo y cuando nos casamos allá en mi tierra, tenía el taller en el mismo sitio donde vivíamos. Empecé a ayudarle y poco a poco fui aprendiendo a lijar carros, a empapelar, pulir, muchas cosas de autos. Arreglábamos tráileres, camiones, de todo lo que llegara a la casa.

¿Por qué se mudaron a los Estados Unidos?

Por una mala inversión, estábamos muy endeudados. Compramos un bus de 46 pasajeros y se nos hizo muy difícil. Mi esposo tuvo que vender el negocio y el patio que nos había vendido el bus nos lo quitó. Ahí decidimos que yo vendría para Nueva York primero y después, mi esposo. El llegó tres meses más tarde y dejó mis hijos (5) con los abuelos paternos.

¿Cómo empezó su vida en Nueva York?

Llegué en 1995 y lo primero que hice fue venir a buscar trabajo aquí en Willets Point, pero no me dejaron que porque era mujer y que la policía les ponía muchos problemas. Entonces encontré un trabajo en Manhattan cosiendo. Cuando mi esposo llegó conseguimos trabajo en un taller de un hombre ecuatoriano que nos dio la oportunidad y ganábamos el 50%. Teníamos dos trabajos, de noche íbamos a otro taller. Seguí trabajando hasta los ocho meses de embarazo y después continué con el trabajo y dejaba a la bebé en la oficina del taller donde trabajábamos.

¿Y por qué esa determinación de trabajar tanto?

Trabajábamos lo más rápido posible para atender a más clientes y así ganar más dinero. Estábamos endeudados en millones de sucres, pagar nuestra llegada a este país y después la traída de mis dos hijos. Fue mucho sufrimiento.

¿Cómo llegó a ser dueña del taller?

Hace unos 8 o 9 años, mi esposo dijo que no quería que nuestros hijos sufrieran tanto y decidimos venir al ‘yonker’ a ver si poníamos un negocio. Desde ese entonces trabajamos aquí pintando carros y haciendo mecánica en general. Con nosotros trabajan nuestros dos hijos también.

¿Y qué pasó con los otros hijos?

Mi corazón está por la mitad porque tengo a la mitad de mis hijos allá y el resto aquí. Sufro mucho por eso, el no tener los papeles, no poder tener a todos mis hijos, no poder ver a mis padres que están en Ecuador.

¿Cómo es un día en la vida de Martha?

Me levanto a las 5:30 a.m y después de dar gracias a Dios por todo, hago el desayuno para mis hijos y después los llevo a sus respectivas escuelas. Me voy a comprar los materiales necesarios y después voy al taller a trabajar. Poco antes de las tres, corro a recoger a los niños y los llevo a la casa, les doy el almuerzo y me regreso al taller. Cerramos alrededor de las 7:00 p.m y voy a casa a prepararles la merienda y a ayudarles con las tareas. Trabajo seis días a la semana y descanso los domingos.

¿Qué es lo más difícil de trabajar en este deshuesadero de autos?

Las temporadas de frío y calor. Por ejemplo estos días han estado muy fríos y es duro trabajar así. Es tremendo porque no tenemos calefacción, no hay agua y no hay baños. Bueno también cuando llueve porque no está pavimentado, los locales se inundan y así tenemos que trabajar. En los últimos años hemos tenido que luchar porque el alcalde y la policía nos quieren sacar de aquí.

¿Qué haría usted cuando logren sacarlos de aquí?

No, no, no. Voy a estar en pie hasta lo último, no nos van a sacar. Si nos sacan el alcalde prometió que nos va a relocalizar. No tengo un plan B, él tiene que cumplir lo que prometió. Voy a seguir en lo mismo porque es lo único que sé hacer y lo que más me gusta.