Habla la comadreja

Bendición Abuelas y Abuelos…

No sé por qué me arrestaron. Sólo me monté en el tren D hacia El Bronx el viernes pasado. Tenía hambre. También había sentido que iba a hacer frío en los próximos días, y decidí acurrucarme debajo de un asiento para estar cerca de la calefacción. De repente, vi piernas humanas pataleando y escuché una serie de gritos: “¡Corran -una rata!”

Me señalaban, aunque no soy rata para nada -bueno, quizás un primo lejano. A través de América me conocen como tacuazín, tlachuache, guanchaca, guasalo, muca, canchaluco, carachupa, fara, chucha, runcho, raposa, rabipelado, comadrejas, perro blanco, opposum- y hasta zorro, aunque no soy zorro para nada.

Muchos ya me conocen. Por eso no entiendo por qué evacuaron el tren en la parada West 4th y se me acercaron hombres uniformados. ¿Qué hice yo? Soy yo el que fue desplazado por la construcción humana. De todos modos, soy nomádico por naturaleza y me adapto a todo, como lo que sea. Aún, vivo con hambre y solitario. Claro, sueño con encontrarme una pareja, reproducir y vivir una vida en tranquilidad junto a mis hijos.

Si me ven rondando la ciudad un viernes en la mañana, siendo un animal nocturno, es porque mi vida está seriamente desequilibrada. Así que el culpable aquí no soy yo.

Entonces vinieron aquellos oficiales hacia mí. Sólo pude gruñir y enseñar los dientes. Por supuesto, no andaba armado. Al fin, no se atrevían a ponerme las manos. Tuvieron las autoridades que llevarme en aquel tren vacío a un patio de metro en El Bronx. Después llegaron los agentes de Cuidado y Control de Animales para bregar conmigo. Mientras me arrestaron, me pregunté si se les dio el mismo trato a la tortuga y a aquellas palomas que se rumoran también haber montado los trenes.

Hablo desde una jaula en no sé dónde. Me han dado una tontería de comer, ni les sé decir. ¿Dónde me llevarán? ¿Qué será de mis sueños y mi futuro en esta grande ciudad?