Ir a la universidad: un sueño posible

Ir a la universidad: un sueño posible
Foto: Fotos: Silvina Sterin Pensel

Llega a la cafetería y examina, una a una, las largas mesas repletas de adolescentes. El joven que busca no está, así que corre a la biblioteca. Si tampoco tiene suerte, buscará en el gimnasio y en cada rincón de la escuela hasta dar con él. Algunos acuden a su pequeña oficina buscando información y asesoramiento. Otros, como el muchachito al que procura desesperadamente, no entienden que cada día que pasa cuenta y que la aplicación debe llegar a tiempo y hay que perseguirlos.

Citlalli Negrete tiene una misión y no parará hasta salir airosa: convencer a cada uno de los alumnos de la escuela secundaria Pan American International de que son capaces y pueden asistir a la universidad.

“Muchos jamás se han planteado qué van a hacer cuando terminen el high school y ni conciben continuar estudiando”, señala esta joven mexicana de 22 años, miembro del National College Advising Corps, una especie de ejército de chicos y chicas recientemente graduados quienes, diseminados por colegios secundarios de todo el país, van persuadiendo a otros de que sigan su ejemplo.

Citlalli, -estrella de la mañana en Nahuatl- trabaja como Consejera Universitaria en high schools de Nueva York. Estudió sociología y estudios latinoamericanos en NYU, la universidad que tomó la posta de esta valiosa iniciativa en la ciudad. “En total somos 13 consejeros”, explica. “Todos somos graduados de NYU y tenemos una historia similar a la de los propios estudiantes a los que asesoramos”, agrega.

Haber logrado un título universitario es quizás la única gran diferencia entre quienes imparten y quienes reciben los consejos. Unos y otros son chicos que provienen de hogares humildes, sin muchos recursos y que han salido adelante a fuerza de trabajo. Los consejeros son los primeros de su familia en completar una carrera y, de graduarse, los muchachos aconsejados también lo serán. Estas similitudes, -las edades también son parecidas y ningún consejero supera los 25- son adrede. “Yo también fue a escuelas públicas”, dice Citlalli, “yo también recibí lunch gratis; mi papá es albañil y mi mamá hace limpiezas. Nosotros somos la prueba viviente para estos chicos de que es posible vencer obstáculos y progresar”.

Los padres de Citlalli son de Piaxcla, Puebla y ella nació en Park Slope, Brooklyn, en la casa donde aún viven junto a su hermanita menor. Todos los días se toma tres trenes para llegar al Bronx donde está la secundaria Pan American International, sobre la avenida Boynton. “Elegí esta escuela porque la mayoría son chicos hispanos que llegaron hace poco a Estados Unidos y creo que es donde puedo ser más útil”.

El trabajo de Citlalli tiene varias aristas: debe ganarse a los adolescentes y a sus padres, muchos de los cuales no quieren saber nada con que sus hijos vayan a la universidad ni con brindar información para que califiquen para recibir ayuda financiera. “Para completar las aplicaciones necesitamos saber cuánto ganan, cuánto pagan de impuestos, el nombre completo y número de social. Hay quienes se asustan pero yo los invito a que vengan personalmente para charlar y les sacudo los miedos. Esto es Nueva York. Es una ciudad de inmigrantes, no estamos ni en Arizona ni en Alabama”.

Para trabar confianza con los jóvenes, Citlalli pasa el mayor tiempo con ellos, sea en el colegio o afuera: “Averiguo si están en el equipo de basketball o de natación y voy a verlos cuando compiten. Estoy siempre cerca demostrándoles que pueden contar conmigo”.

Los estudiantes de la Pan American se sienten más cómodos hablando español pero el proceso de aplicación a las universidades es en inglés. “Me aseguro que entiendan qué se les pide en cada punto. Escribir los ensayos es un desafío grande”, comenta Citlalli. A algunos de mis chicos les toco escribir sobre la consigna ‘Si tú fueras Benjamin Franklin ¿Qué inventarías y para qué público sería tu invento?”.

La tarea de Citlalli incluye mucho más que el llenar aplicaciones y formularios; la jovencita se monta en buses y los acompaña a visitar campus y ferias universitarias. “Es importantes ir con ellos para aconsejarles. Hay mucha estafa en el mundo educativo. Está lleno de universidades que prometen un título en seis meses, por ejemplo, y muchas veces ellos no se dan cuenta que suena muy bueno para ser real es porque no lo es”.

También dialogan de cómo sería su futuro si fueran a la universidad o invita a personas que estudiaron distintas disciplinas para que cuenten cómo es su trabajo actualmente. “Intento ser creativa para motivarles lo más posible”, dice, “pero simplemente tengo que ser yo y transmitirles mi propia experiencia. Cuando les cuento lo que sentí el día de mi ceremonia de graduación, en el estadio de los Yankees, junto a mis padres escuchando el discurso de Bill Clinton, me vuelvo a emocionar y ellos también. Es la señal de que ya en sus corazones saben que pueden hacer lo mismo”.