Antonio Ramos: vendedor de pescado

Nacido en Newark, este hijo de gallegos conoce lo mejor del mar para su mesa
Antonio Ramos:  vendedor de pescado
Foto: Carolina Ledezma / EDLP

Nueva York – Todo aquel que ha conocido a Antonio Ramos Montenegro en su pescadería en los mercados de calle de Nueva York sabe que lo mejor es seguir su consejo con los ojos cerrados. Su recomendación lleva implícita una promesa: nada que sea tan fresco puede saber mal.

Nacido en Newark y criado en España, Antonio cultivó su aprendizaje en las playas de Galicia, en las cenas en familia donde el pescado se sirve entero y con espinazo para que se conserve jugoso, y en la cocina de un restaurante donde trabajó a su regreso a Estados Unidos.

¿Cómo se dedicó a la venta de pescado y frutos del mar?

Perdí mi empleo en una importadora hace dos años y medio en medio de la crisis, pero por suerte conocí al dueño de esta empresa quien me contrató para distribuir todo lo que nuestros barcos traen a puerto en la ciudad y otras áreas de Nueva York.

¿Cómo es un día normal de trabajo para usted?

La mayor parte de mi trabajo se concentra, especialmente, de viernes a domingo, cuando llevamos el pescado a los mercados de granja de Nueva York. El viernes debo estar en dos puestos y termino a las 7 de la noche. A esa hora debo irme a Hampton Bays a recoger los productos y luego, en la madrugada, repartir la carga desde Sarasota hasta Westchester, Brooklyn y Manhattan.

¿Cuándo duerme?

De viernes a sábado si acaso una hora en el camión y el domingo en la madrugada un par más, pero ya descanso el lunes y el jueves.

¿Cómo se gana a sus clientes?

Todo lo que vendemos tiene apenas horas fuera del agua, por lo que son los productos más frescos que puedas imaginar.

Usted no sólo vende productos del mar, sino que enseña a la gente sobre cómo consumir productos locales

Aquí se consigue de todo y mucha gente no lo sabe. En el invierno traemos John dori, bacalao y jurel; pero también mejillones, almejas y vieiras. En el verano abundan el pez espada, lenguado y el atún. Lo mejor es cuando vienen grupos de niños al mercado y ellos les explico cómo diferenciar cada pescado.

Vendemos sólo especies locales, pero siempre te encontrarás quien no entiende por qué no ofrecemos tilapia o camarones.

¿Y esos cabeza dura terminan aprendiendo?

Yo trato de educarlos y bromeo con ellos. Cuándo me preguntan qué pescado es ese, yo les respondo: “Pez muerto, ¿no ve?”. Así se pasa el tiempo más fácil. Pero, en general, la mayoría lleva lo que yo les digo aunque, después de tanta explicación, no sepan qué están comprando.