El cierre de las escuelas, un mal necesario

A nadie le gusta ver algo fracasar. Mucho menos escuelas que son establecidas para mantener y apoyar una sociedad civilizada y para moldear y formar a nuestros futuros líderes. Así que cuando en los titulares se lee que se van a cerrar escuelas, nadie celebra; al contrario, nos sacude profundamente.

Nos pone nerviosos porque ponemos nuestra fe en estas instituciones. Cada día, durante todos los años de la niñez, como padres traemos lo que más apreciamos, nuestros hijos, a las puertas de estas instituciones. Se los entregamos a estos extraños para que eduquen a nuestros hijos. Mostramos mucha confianza, fe y coraje en esta acción. Y los padres lo hacen a través de toda la ciudad, día tras día, año tras año.

Entonces leemos que una de estas escuelas la van cerrar porque la escuela no hizo el trabajo que tenía que hacer. Esto afecta nuestra confianza, fe y coraje. Es natural reaccionar de esta manera.

Sin embargo, si prestamos atención, la mayoría de la escuelas que han cerrado, merecían ser cerradas. Sería irresponsable, aun inconcebible, permitir que estas escuelas continúen gastando el dinero de los contribuyentes sin consecuencias. Al final, todos pagamos cuando educadores no asumen la responsabilidad por su fracaso en no preparar adecuadamente a sus estudiantes.

Hubo una era en Nueva York, en que hubiera sido inaudito cerrar una escuela. Ni se les hubiera ocurrido a los que dirigen el sistema educativo. En ese tiempo, los padres más astutos buscaban las mejores escuelas y evitaban las peores. Y las peores escuelas seguían existiendo, perjudicando a todos los estudiantes que cruzaban a través de sus puertas.

Por supuesto, todos hemos oído la historia ocasional del súper héroe; el fuerte director que transforma una escuela y la hace triunfar. Pero esto es tan raro que hacen películas sobre el tema.

Hoy tenemos un clima diferente en la ciudad de Nueva York, y me alegro. Hoy, las escuelas malas saben que sus días están contados. Hoy, la idea de que los que dirigen las escuelas tienen que responder por el trabajo que no hacen no es anatema. Hoy, los padres tienen la oportunidad de tomar una decisión informada acerca de dónde inscribir a sus hijos. Hoy, el país está prestando atención a la educación – finalmente.

Y aunque todavía me entristece cuando oigo que otra escuela será cerrada, estoy agradecida que algo se está haciendo para proteger a nuestros niños y nuestro futuro.

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