Cresta de la lengua: Latino ‘movies’

¿La lengua o la vida? Es un asalto. El cine deja mal sabor de boca a la hora de dar espacio a los latinos. ¿Vale la pena figurar en el reparto a cualquier coste? La especialidad del que esto escribe no es la crítica cinematográfica, pero ante la contemplación de ciertas imágenes no podemos quedar impávidos. Lamentablemente, los personajes de “latino” no han variado mucho en la historia del cine.

El primer sofoco empieza con Ironman 2, película en la que el latino entra rutilantemente en escena cuando el personaje principal, Robert Downey Jr., decide hacer un alto inesperado en el costado de la autopista. Allí está, se acerca la cámara y ¡zas! Aquí aparece la “troca” con las cajas de fresas. Ironman le compra una a su chica. Fin de escena.

Acabo de ver la película de Cowboys and aliens ‘vaqueros y alienígenas’, lo digo también en español porque esto de los vaqueros es invento hispano, y no anglosajón. El idioma español de la película se reduce a una voz de sumisión: “patrón”. Pero eso no es lo peor. ¿Qué me dicen de la escena en que, tras la escalada en vertical a la nave alienígena, ya arriba, el hispano-mexicano casi echa por tierra la misión de colocar y hacer explosionar las bombas? Al pedirle Daniel Craig un fósforo para hacer arder los cartuchos, al atontado hispano se le caen todos, caja incluida. Acción latina, ¡se rueda!: “¡Oh no! ¡Ahora hay que bajar y volver a subir, necesitamos un cerillo para prender la mecha!”. Con todo perdido, Daniel Craig reacciona con la superioridad que da ser el actor principal, y, dejando en evidencia al hispano, le recuerda el cigarrillo encendido que cuelga inadvertidamente de sus propios labios. Fin de escena: ¡A reírse todos! ¿Y cómo se explica que Daniel Craig no lleve “fuego” si sale fumando en la película? Respuesta: había que hacer una bufonada, y el bufón no podía ser él. Hubo premeditación, alevosía y ventaja. Tantos años para nada. Compárenlo con el mexicano de The Big Country (1958) de Gregory Peck y Charlton Heston. Progreso 0 (cero).

Y es que además cuanto más odioso sea el latino, mejor. ¿Vieron Ghost con Patrick Swayze?, ¿recuerdan el careto de su asesino caribeño? No puede haber compasión por él ni cuando su alma se la lleva el diablo. ¿Y Cobra con Sylvester Stallone? Se acuerdan de la escena en que va a aparcar el carro y la clika hispana le intimida. Nuestro carismático actor, otrora Rambo, actúa sin contemplaciones: un buen mamporro a tiempo y se acabó el latino malo. Esa es la lección.

Si alguien piensa que esto solo son detalles y que hay muchas otras escenas de película en que esto no pasa, están muy equivocados. Este tipo de escenas son las que provocan que nuestros hijos se vean incómodos como hispanos. No nos parece muy diferente, dicho sea con pena, de lo que ocurre cuando se hace mofa y escarnio del “indio” -en chistes de indios tontos, por ejemplo-. Y no me recriminen por lo de “indio”; aquí no cabe lo de “indígena”, que eso es para guardar las apariencias, y en estos chistes no se guardan.

¿Será que los humanos funcionan así por diseño superior, que no divino? ¿Estaremos genéticamente configurados para ridiculizar lo minoritario y diferente? No todo lo latino del cine es desventurado, pero lo insultante, si no se denuncia, nos condena a una barbarie perpetua.