Rápido y Furioso

La operación Rápido y Furioso que permitió el envió de armas originadas en Estados Unidos a la mafia mexicana del narcotráfico fue desde el inicio una pésima idea implementada de una manera todavía aun peor.

Ya rodaron cabezas en la conducción de la Agencia de Tabaco, Alcohol y Armas de Fuego (ATF) que manejó la operación de manera tan deficiente como para perder la pista de las armas que fueron fueron autorizadas para ser vendidas a compradores con el conocimiento que el destino final eran los carteles de la droga.

La idea era identificarlas cuando fueran capturadas en México y así hacer un rastreo de su recorrido. El problema es que se perdió el rastro de las armas hasta que algunas aparecieron después de ser usada en el homicidio de una agente de la Patrulla Fronteriza.

A todo esto, el comité de Supervisión y Relación Gubernametal, dirigido por el congresista Darrell Issa (R-CA) lleva meses investigando si el Departamento de Justicia, y su titular Eric Holder, han escondido comunicaciones y documentos que indique que hubo una participación a un nivel ejecutivo en la operación.

Holder lo niega y los legisladores republicanos no le creen. Esta dinámica mantiene la presión sobre la administración Obama y parece tener a Holder como el blanco inmediato de la oposición. Todo esto tiene la apariencia de que se quiere sacar un provecho político causando una crisis o de desgaste.

Todavía falta escuchar el reporte del Inspector Independiente del Departamento de Justicia. Este eventualmente debería aclarar los dimes y diretes actuales. Si se haya que Holder ha mentido al Congreso se justifica su salida. Pero hay que esperar el resultado.

Las audiencias como la de ayer aportan muy poco de nuevo, aparte de mantener viva la controversia y poder exprimirla para desgastar la administración Obama. Esto no avanza para nada el esclarecimiento de lo ocurrido.

La Opinión/ImpreMedia