Guerra en California

La feroz lucha en contra del matrimonio tradicional sigue en pie en los Estados Unidos.

El martes de la semana pasada una corte federal de apelaciones declaró inconstitucional -por dos votos contra uno- la prohibición de la unión legal entre homosexuales en California.

Recordará usted que en noviembre del 2008, el 52% de los votantes de de California apoyó la Proposición 8 que declaró ilegal el matrimonio entre personas del mismo sexo, una ley que entró en vigor de inmediato.

Una propuesta similar también fue aprobada por los californianos en el año 2000, pero en el 2008 la Corte Suprema de California invalidó dicha disposición lo que permitió el casamiento por la vía civil de miles de parejas homosexuales.

Meses después y tras ser aprobada la Proposición 8, conocida como Acta de Protección del Matrimonio en California, varios grupos inconformes iniciaron acciones legales hasta conseguir en agosto del 2010 que el juez de Distrito, Vaughn R. Walker, declarara en suspensión dicha ley bajo el argumento de que ella “viola las cláusulas de igualdad de la Constitución de los Estados Unidos”.

A ello siguieron las deliberaciones en la Novena Corte de Apelaciones hasta que el pasado martes 7 de febrero, esta instancia la declaró inconstitucional. Esta decisión será apelada y se espera entonces que será la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos quien dicte el fallo final en un lapso de dos años.

Como quien dice la guerra apenas empieza y son muchas las aristas en este complejo asunto. Por un lado se evidencia el interés político de la Casa Blanca por impulsar iniciativas que respaldan los demócratas y que serán útiles para atraer votos con miras a la reelección de Barack Obama.

A su vez, varios aspirantes republicanos a la presidencia externaron su malestar por esta nueva acción judicial.

“Este es otro ejemplo de que el sistema judicial está fuera de control”, expresó Newt Gingrich, en tanto el revitalizado Rick Santorum dijo que la decisión es parte de la extensa línea de acciones tomada por los activistas radicales incrustados en los medios judiciales.

Por su parte, los votantes de California que en el año 2000, y luego en el 2008, respaldaron al matrimonio heterosexual se preguntan: ¿por qué no se respeta la voluntad de una mayoría como debiera suceder en una democracia?

La pelea parece ir mucho más lejos de la sola aprobación de la unión entre personas del mismo sexo. Se presume que los grupos gays desean ser reconocidos como un tercer sexo en todos los ámbitos lo que vendría a darles el derecho a exigir cuotas de género en cuestión de empleos, puestos públicos e incluso en materia de ayudas financieras y sociales.

Actualmente sólo siete estados de la Unión Americana, de un total de 50, han aprobado legalmente la unión entre homosexuales. Pero si California recibe la aprobación por parte de la Suprema Corte de Justicia quedaría abierta la puerta para que estas uniones se legalicen en todo el país.

El tema entró de lleno en la agenda de los aspirantes a la Presidencia, incluyendo al propio Barack Obama, quien en el 2008 dijo oponerse a los matrimonios entre personas del mismo sexo, pero luego de llegar a la Casa Blanca manifestó que su postura “había evolucionado”.

En medio de esta gran disputa social se requiere tanto en Estados Unidos como a nivel internacional unificar criterios y principios en torno a los derechos y también a las limitaciones de las parejas del mismo sexo.

Nadie niega el derecho de las personas a expresar libremente sus inclinaciones sexuales, pero ¿es realmente conveniente dar a las relaciones entre homosexuales el mismo reconocimiento y derechos que el matrimonio tradicional?

¿Es válido que una pareja gay adopte niños y que viva en una comunidad como si fuera una familia común y corriente sólo porque un juez o un tribunal decidan que así sea?

Hasta el momento la mayor parte de las acciones a favor de las uniones entre personas del mismo sexo parecen ser tomados de manera emocional y bajo criterios políticos y electorales. Es tiempo entonces de rescatar los principios esenciales del ser humano e implementar enfoques éticos, biológicos y sociales a un tema que así lo amerita.