El momento de enfrentarse con los hipócritas

Yo le enseño a mi hijo a portarse en una forma respetuosa. Cuando saluda a alguien debe tomar su mano y mirarlo. Es porque quiero que vea a la otra persona. La Biblia nos enseña que estamos formados en la imagen de Dios. Si mi hijo realmente vea la otra persona, entonces la respetará. En la medida en que respete a la otra persona, será respetado.

También le enseño que no debe usar la otra persona para sus propios fines. Está bien, le digo, tratar de convencer a la otra persona en una forma abierta y honesta. Pero no está bien intentar engañar a la gente para que hagan lo que tú quieres.

Cuando por primera vez me arrestaron por ser “ilegal” en mi hogar y delante de mi hijo me trataron como una criminal. Me preguntaron si tenía armas de fuego en la casa. Yo trabajaba en limpieza. Me pagaban poco y sin beneficios; tampoco tenía el derecho de reclamar en contra de situaciones injustas en el trabajo. Me estaban utilizando.

Acepté que me utilizaran de esta forma porque tuve que ganar mi salario para poder ayudar a mi hijo. Pero yo sabía muy bien que me estaban utilizando. También sabía que me estaban faltando respeto.

Los indocumentados entran en los Estados Unidos “sin autorización”. Pero todo el mundo sabe que viven y crian a sus hijos en los Estados Unidos. Todo el odio, todos los actos de criminalización que se dirigen en su contra, todas las apelaciones a “la ley”, no pueden borrar la realidad de que aunque no fueron autorizados, son utilizados.

Mi pregunta para los políticos que se autodefinan como cristianos es: ¿Cómo justifican los arrestos masivos de personas que ustedes mismos han utilizado en una forma consciente, tratándolos como criminales y destruyendo sus familias? Cuando creen que nos necesitan nos utilizan, pero cuando ya no nos necesitan nos botan como basura.

Tenemos que ayudar a nuestra gente para que salgan de este ataque en contra de nuestra humanidad. No somos ni criminales ni terroristas. Es obligatorio que nuestros pastores y nuestras iglesias ayuden a restaurar este entendimiento, a los indocumentados y a sus hijos.

¿Y que tal los políticos que abrazan verbalmente a Jesucristo proclamando sus “valores familiares” y defendiendo la “libertad de la religión”? ¿Qué debemos pensar de los pastores que apoyan a estos políticos en este atropello al Evangelio y al Espíritu Santo?

Lo que yo digo es que existe una crisis en la iglesia de los Estados Unidos, una crisis de fe.

Acusan a Obama de atacar a la religión. aunque me alegra que últimamente haya aceptado cierta responsabilidad y haya empezado a expiar este pecado por medio de la nueva política de “discreción procesal”, Obama es sólo un político nada más. ¿Qué podemos decir de estos caballeros que se dicen “hombres de Dios”? ¿Acaso no ha llegado el momento en que nuestros pastores latinos tomen las riendas de una cruzada para salvar a las iglesias en los Estados Unidos? ¿No ha llegado el momento de tachar a los hipócritas como “utilizadores”?