Sociedad: Rebautizando el país

Guía de Regalos

El legislador Daniel Steve Holland de Misisipi presentó el proyecto de ley estatal HB150 el 9 de febrero ante el Comité de Recursos Marinos de la Cámara de Representantes del estado.

Según el servicio de noticias mexicano, Notimex, el demócrata de Plantersville propone cambiar el nombre del Golfo de México al Golfo de América.

En su presentación ante el comité, el representante Holland dijo que quería que con todo asunto oficial del estado referente a las aguas al sur de los condados de Hancock, Harrison y Jackson, se use el nuevo nombre. En su presentación, no se refirió al Golfo de México por nombre, sino que decía “la masa de agua”.

Por supuesto que esta propuesta es antimexicana a propósito. Es un ejemplo clásico de la manera en que las autoridades públicas fomentan el nativismo popular de los locales. Es la manera en que un político sin nombre llega a aprovecharse del prejuicio soez para fomentar el disenso.

Por fortuna, existe una ciencia seria del cerebro que investiga si las mentes como ésta son normales o psicópatas. (En serio, no es broma).

Sin embargo, el cambio de nombre que se propone en Misisipi podría acarrear otras consecuencias. Por ejemplo, sería buen momento sopesar si convertir el nombre del Golfo de California al del Golfo de Arizona. Aquella masa de agua se refiere a los dos estados mexicanos de California, y no al estado estadounidense, con la que no colinda. Pero si se le cambia el nombre al Golfo de Arizona, no cabe duda lo que es nuestra intención, así no tenga con ella frontera Arizona, tampoco. Aún así, Arizona queda más cerca de aquel golfo que el estado de California en los Estados Unidos.

Hay precedentes para la variabilidad de nombres para una misma cosa. El lado estadounidense de la gran división se conoce como el Río Grande, mientras que México lo llama el “Río Bravo”.

Con un espíritu de total transparencia, tengo que admitir que tengo intereses personales en todo esto. Así como el nombre “América” deriva del de un explorador y cartógrafo llamado Amérigo Vespucci, el primer mapa definitivo de mi Texas natal lo trazó un antepasado mío, el francés Guillaume d’Isle (alternativamente Delisle). El título del mapa es “Carte de la Louisiane et du cours du Mississipi 1718”.

Fue el primer mapa impreso con los nuevos métodos tecnológicos de la época. Los detalles muestran una variante del nombre de Texas, contenida en una referencia a la “Mission de los Tejias etablie en 1716” en el este de Texas. Es éste el mapa que le dio el nombre al territorio de Texas.

Pero ahora que vamos poniendo al derecho las cosas, a mí no me molesta si Misisipi opta por volver a nombrar el estado de Texas “D’Isle” o “Delisle” (muchas gracias), por la misma razón por la que el nombre de América viene de Amérigo.

Mencioné arriba al señor Holland como un político “sin nombre”. Esto no lo hice con intención de ofenderlo, sino para enfrentar el hecho que algunos de nosotros estamos ofendidos con que un representante electo tenga por nombre “Holland” (“Holanda”). Esto podría llevar a los congregados en la cantina de la esquina a pensar que los que hacen nuestras leyes son extranjeros.

Qué no, podríamos convertirnos en el hazmerreír del mundo entero. Algunas personas pensarían que por aquí somos todos holandeses.

Yo propongo que en documentos oficiales llamemos a todos los funcionarios electos que lleven el nombre de un país extranjero “Sinnombre”. Se pueden quedar con su nombre de pila para la vida civil, pero no están permitidos abochornarnos oficialmente con sus nombres de países extranjeros.

Para que no haya ninguna confusión, si más de uno queda nombrado “Sinnombre”, cada uno podrá registrarse para establecer un sitio web identificador contenido sobre el sitio web de su gobierno estatal, como por ejemplo, http://www.Sinnombre002.ms.gov, el cual ofrece el alias de su nombre civil. Que alguien no se registre, claro está, incurrirá en la pérdida de todos sus derechos a la licencia de conducir, y la negación de todos los beneficios derivados del estado, y deberá presentar prueba de su residencia legal y de su capacidad de leer y escribir antes de votar en ninguna elección. Ni qué decir que estas personas serán consideradas “ilegales” hasta que se registren legalmente. No estamos en contra de los sinnombre legales, sino sólo de los ilegales.

Eso es lo que yo llamo hacer puente sobre el golfo que divide a los funcionarios públicos Sinnombre de nosotros, el pueblo.