Trabajadores latinos se organizan para defenderse

Cansados de buscar organizaciones y líderes que defendieran sus derechos laborales, un grupo de trabajadores decidió apropiarse de esa responsabilidad e iniciar una campaña que a pocos meses generó importantes cambios en su centro laboral.
Trabajadores latinos se organizan para defenderse
Maoma Pérez (centro) y sus compañeros de trabajo reunidos en un parque, en donde inició su campaña para conseguir mejoras laborales.
Foto: Zaira Cortes / EDLP

Nueva York – Cansados de buscar organizaciones y líderes que defendieran sus derechos laborales, un grupo de trabajadores decidió apropiarse de esa responsabilidad e iniciar una campaña que a pocos meses generó importantes cambios en su centro laboral.

Maoma Pérez, 33, y Gonzalo Jiménez, 25, trabajadores mexicanos del restaurante Hot & Crusty, ubicado en la calle 63 y Segunda Avenida, Manhattan, realizaron una protesta el 21 de enero afuera del lugar, demandando el pago de horas extras, salario mínimo y descanso durante la jornada de trabajo.

Jiménez, residente de El Bronx, dijo que tocó puertas que no se abrieron.

“Fui a muchas organizaciones pero no encontré el compromiso ni el apoyo suficiente. Pensé que lo que no hiciera por mí, nadie lo haría”. Jiménez labora en el sitio por ocho años.

“Era un adolescente cuando empecé a trabajar muchas horas como un adulto. Eso me dio coraje para no seguir agachando la cabeza”.

Luego de repartir volantes denunciando condiciones laborales injustas entre los clientes, la empresa aceptó negociar con los empleados.

Para Maoma Pérez, residente de Queens y padre de dos niños, fue un desafío convencer a sus 18 compañeros de trabajo para que se unieran a la lucha por un empleo digno.

“No soy líder. Soy un hombre que se atrevió a recuperar su dignidad. Quise romper con el tabú de que los inmigrantes necesitamos un defensor porque somos incapaces de hacerlo por nosotros mismos”.

Pérez expresó que trabaja para el lugar por ocho años. Era cocinero, cajero y preparador de ensaladas por un único salario, hasta que emprendió la batalla por condiciones de trabajo justas.

“Era necesario hacer presión para que el restaurante me asignara un sólo trabajo con el pago que merecía. No fui el único. Muchos trabajadores también se beneficiaron”.

Es el caso de la peruana Cintia Ostos, de 22 años, quien es cajera y goza de dos descansos de 30 minutos durante su jornada.

“De no haber luchado, seguiríamos en las mismas condiciones. Sí me dio miedo al principio, pero luego pensé que mi familia y yo teníamos derecho a algo mejor”. El grupo de trabajadores es parte de Laundry Workers Center United, LWCU, una organización reciente que en un principio fue creada para respaldar a trabajadores de lavanderías, pero que extendió su ayuda al sector del restaurante.

El dominicano Virgilio Arán, 34, organizador de LWCU, explicó que los trabajadores de Hot & Crusty asistieron por ocho semanas a un taller sobre derechos laborales y estrategias de negociación, antes de iniciar su campaña.

“Nuestra filosofía es que los trabajadores deben aprender a defenderse por sí mismos y a otros, sin intermediarios. No queremos un líder, queremos muchos”.

Arán apuntó que el único requisito para tomar el taller de derechos laborales, es que al finalizar, el trabajador promueva una campaña para lograr mejoras laborales en su comunidad.

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