Más que un veredicto

La reforma de salud del presidente Obama puede hundir o elevar sus posibilidades de reelección. Pero en este caso la batalla decisiva no es en los debates públicos entre los candidatos o en las urnas, sino en la Corte Suprema de Justicia.

El Alto Tribunal inició ayer un período de tres días para escuchar los argumentos legales a favor y en contra del principal logro de la Casa Blanca. La Federación Nacional de Negocios Independientes y 26 estados de la Unión Americana se oponen a la obligatoriedad que impone la ley sobre todos los estadounidenses para que compren un seguro de salud o paguen una multa.

El concepto conservador de basarse en la responsabilidad personal para no ser una carga pública fue cuestionado desde un principio por los activistas del Tea Party. Luego los republicanos tomaron ese estandarte populista para convertir la anulación de “Obamacare” en el centro de su argumento para recuperar la Casa Blanca.

A la contradicción de respaldar la responsabilidad personal, excepto cuando es propuesta por Obama, se une la de oponerse al activismo judicial, al mismo tiempo que se solicitan a los tribunales que anule una ley que fue debidamente aprobada por el Congreso. Los opositores a la reforma de salud están solicitando un ejemplo de activismo judicial a pesar de despotricar contra eso cuando los fallos son en su contra.

Este no es un veredicto más. La presidencia esta en juego además de la cobertura médica de millones de personas y de protecciones al consumidor que ya entraron en vigencia.

Si los jueces anulan la ley, o partes importantes de ella, se derrumba un logro significativo de Obama valorado por la base demócrata, y abre el camino a reproches y críticas republicanas. Si los magistrados fallan a favor de la ley, se disuelve el argumento central de anticonstitucionalidad de la oposición, reforzando al Presidente.

La última vez que se presentó una encrucijada similar fue en 1935 bajo F.ranklyn D. Roosevelt. En esa ocasión el mandatario fue reelecto a pesar de que la Corte Suprema rechazó por completo la Ley de Recuperación Industrial. Hoy muy pocos confía que este escenario pueda repetirse.

Impremedia/La Opinión