Gente buena, víctimas de masacre de Oakland

Familiares y amigos cuantan cómo eran las personas a las que un pistolero les arrebató la vida en sólo minutos
Gente buena, víctimas de masacre de Oakland
El pasado 2 de abril ocurrió un tiroteo al interior de la universidad de Oikos, en el este de Oakland, donde siete personas fallecieron y otras tres resultaron heridas.
Foto: EFE / Monica M. Davey

Cientos de personas asistieron a una vigilia realizada el martes en la noche en la que familiares y amigos recordaron a los seis estudiantes y al empleado que murieron cuando un hombre armado abrió fuego en la Universidad cristiana Oikos de Oakland, California.

Otras tres personas resultaron heridas en el incidente reportado el lunes.

La Oficina de Médicos Forenses del Condado de Alameda reveló el martes los nombres de seis de las siete víctimas. Y el nombre de la séptima víctima fue difundido por su padre.

Desde entonces, miembros de la familia han hablado sobre sus seres queridos, cuyas edades oscilaban entre los 21 y los 53 años, y procedían de Nigeria, Nepal, Filipinas y Estados Unidos.

A continuación le contamos quiénes eran algunos de ellos:

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La nigeriana Doris Chibuko era madre de 3 niños. A sus 40 años, estaba a dos meses de graduarse de un programa de enfermería.

En su país natal, Doris era abogada en el estado de Enugu. Pero, cuando se casó con Efanye Chibuko, en 2002, emigraron a Estados Unidos. La pareja vivía en San Leandro. Sus hijos tienen 3, 5 y 8 años.

Su esposo dijo al diario San Francisco Chronicle que su esposa era “una persona muy alegre, muy cariñosa, muy amable”.

Chibuko trabajaba de medio tiempo en la Villa de Salud Mental y Centro de Rehabilitación de Fairmont mientras estudiaba enfermería, dijo su familia.

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Judith Seymour, de 53 años, vivía en San José con sus dos hijos adultos y su pareja, Timothy Brown.

Hija de enfermeros de Guyana, trabajó como analista de impuestos antes de ser despedida y regresar a la escuela, dijo Brown al Chronicle. Se graduaría en junio y estaba recibiendo la formación clínica en la prisión estatal en Sacramento, informó el diario.

“Tenía un gran trato con los pacientes y pudo establecer una relación con ellos”, aseguró Brown. “Ella era muy tierna, tenía ‘el toque'”.

Sus hijos, Camella y Brian, son estudiantes universitarios.

Grace Eunhea Kim, de 23 años, se graduó de la Foothill High School, en Pleasanton, en 2007, dijeron funcionarios de la escuela a AP.

Mientras asistía a la escuela de enfermería trabajaba en el restaurante BJ en Newark, pero el gerente del lugar se negó a hablar de ella “por respeto a la familia”.

Su compañero de trabajo James Villanueva la describió al Chronicle como “llena de vida. Ella era verdaderamente el alma de la fiesta.”

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Katleen Ping, de 24 años, identificada como una de las víctimas por su padre, era el pilar de su familia.

Secretaria y recepcionista, trabajaba en la recepción del Departamento de Administración de la universidad, donde el hombre armado la tomó como rehén y la mató.

Trabajaba en la escuela hacía unos 7 meses para mantener a su familia y su hijo de 4 años de edad, Kayzzer. Se mudó desde Filipinas hasta Oakland con su familia en 2007.

Ping compartía una casa con sus padres, su hermano y dos hermanas menores. Su esposo vive en Filipinas y estaba tratando de obtener el permiso para trasladarse a Estados Unidos.

Su padre, Liberty Ping, afirmó que no cree que su hija conociera al hombre que le disparó.

“Ella está con el Señor”, dijo. “Ella ya está en un lugar mejor”.

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Lydia Sim, de 21 años, era de Hayward, y fue descrita como una persona alegre que siempre tenía una sonrisa.

Cuidaba a los niños en la Iglesia Bautista de Hayward mientras asistía a clases de enfermería en la universidad. Daniel Sim aseguró que su hermana se distinguía en la escuela debido a su apariencia de coreana-americana, así como sus enseñanzas basadas en la fe.

“Estaba mucho más cómoda”, dijo. “Era muy extrovertida y muy independiente.”

Afirmó que su hermana amaba a los niños, y a los niños les encantaba estar cerca de ella.

Estudiaba su licenciatura en enfermería, pero su objetivo final era asistir a la escuela de medicina y convertirse en pediatra. Asistió al Ohlone College en Fremont antes de ir a Oikos y estaba a punto de graduarse.

Sim vivía en su casa en Hayward, con sus padres y su hermano.

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Amigos de Bhutia Tshering, de 38 años, de San Francisco, lo describieron como un amable budista originario del estado indio de Sikkim, cerca de la cordillera del Himalaya. Trabajaba de noche como conserje en el Aeropuerto Internacional de San Francisco y vivía solo en el barrio de North Beach.

El Contra Costa Times reportó que fue asesinado cuando el hombre armado robó su coche fuera de la universidad.

Prem Singh, su casero en un hotel residencial, dijo que Bhutia asistía a clases de enfermería en Oikos por la mañana.

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Sonam Choedon, de 33 años, de El Cerrito, se crió en India como hijo de refugiados tibetanos. Trabajó en la administración educativa del gobierno de Tíbet en el exilio antes de trasladarse al área de la Bahía de San Francisco en El Cerrito, desde Dharamsala, India, un año y medio atrás.

“Su muerte es muy impactante para nuestra comunidad”, dijo el portavoz de la familia Tenzin Tsedup, presidente de la Asociación Tibetana de California del Norte, de la que Choedon era miembro. “Muchas cosas horribles suceden en el Tíbet y ahora tenemos que enfrentarnos a una nueva tragedia en EE.UU.”

Choedon trabajó cinco años en la Administración Central de Educación Tibetana de India, afirmó Tsedup.

“Era una persona humilde y amorosa”, dijo. “Ella era una persona sencilla y muy amable.”

Choedon fue una de los muchos nuevos inmigrantes tibetanos que se inscribieron en Oikos para cursar estudios de enfermería, finalizó.