Silencio en el caso Günter Grass

Quizás el caso es demasiado reciente y los escritores de fama universal están poniéndose de acuerdo para preparar un documento sobre Günter Grass, escritor alemán y premio Nóbel de Literatura 1999, quien hace pocos días, mediante versos, publicó “Lo que hay que decir”, jugándose su autoridad intelectual para advertir del peligro para la Humanidad si ocurre un ataque de Israel a Irán. Para mientras, y si es esa la reacción que cocinan los literatos peso pesado del mundo, los más poderosos medios de comunicación o carteles informáticos, se constituyen en voceros de los intereses corporativos (el gran lobby universal lo dominan los sectores comercial, industrial y financiero judíos) y desde sus cómodos sillones editoriales han disparado todo tipo de misiles con ojivas de cianuro contra el autor del “Tambor de Hojalata”, porque decidió decir lo que todos tememos y tantos callan.

Un conflicto bélico entre Israel e Irán desencadenaría consecuencias funestas para la Humanidad, pues a las guerras es fácil conocerles su comienzo pero nunca su final. Y esa geografía, por donde se le mire, es de alto riesgo. Y no importa cuál país ataque primero, la respuesta del segundo será inmediata. Para colmo, ambos gobiernos tienen el suficiente armamento para golpear a una y otra nación en forma severa y dolorosa.

Un pensamiento acertado es que ni el pueblo israelí ni el iraní quieren ni necesitan el eventual conflicto. Y ese, es el interés al que apunta el simulacro de poema de Grass. A quien, antes que antisemita habría que calificar de amoroso y sensato, mirando el bien de dos naciones que siempre estarán por encima de sus gobiernos. Como intelectual, Grass asume el compromiso de alertar a la Humanidad sobre el peligro, ya que los instigadores de guerras son los mismos vendedores de armas a países propensos a pelearse con sus vecinos. Y a más y “mejores” armas en las manos, más bravucones se vuelven individuos, grupos y gobernantes. Por extensión, el cruce de misiles y bombazos pondrá a EE.UU. allí, y si bien China y Rusia no han dicho nada, tienen intereses que cuidar, al menos en Irán.