Lo que el dinero no da

El presidente Michel Martelly hace unos días declaró que el pueblo de Haití sólo había recibido un centavo de cada dólar de las donaciones. A más de dos años de ocurrir el terremoto (12 enero 2010), estas afirmaciones ponen en evidencia que el pueblo haitiano ha sido engañado.

Es increíble que existan personas que no se le aprieta el pecho ni se le ablanda el alma a la hora de estafar a un pueblo desafortunado que no tiene tiempo para esperar, que ha sido avasallado por varios desastres naturales: Huracanes, un sismo devastador y otro avatar: La epidemia del cólera. Nuestros hermanos haitianos están desvalidos, abrumados, abatidos, indefensos. La impotencia parece apoderarse de ellos y da la impresión que ya no aguantan más calamidades, luce que sólo están asistidos por la sensación de haber perdido la esperanza. En el pasado fueron oprimidos por férreas dictaduras y la naturaleza intransigente y cruel denota que no le queda más artificios que castigarlos, su desdicha es impenitente y sólo se avista secuelas de amarguras por donde pasó la carroza implacable de la desventura, y lo que es peor, están rodeados de algunos buitres depredadores sociales que cometieron la ignominia de robar a los que necesitan todo, a aquellos que desgraciadamente tienen un pasado doloroso, un presente extremadamente injusto y un futuro incierto.

Es indignante que cuando talvez tenían la fe de seguir adelante por la solidaridad internacional, chocan con la muralla inmovible de la codicia de personas que su ambición desmedida no le deja considerar que los haitianos también son hijos de Dios. Esa pasión vehemente y excesiva por las cosas materiales le hace olvidar a estos monstruos perversos e insensibles, que la vida no tiene sentido si no se respeta y se comparte con los demás, en cambio, por su afán de hacer fortuna da la sensación que a estos señores no les queda otras alternativas más creativas, sino que arrebatarle a los más desposeídos las donaciones que podían mitigar sus ingentes necesidades.

Estos ladrones de cuello blanco están conscientes que la plata le da fama, poder y otros privilegios en la vida, parecen tenerlo todo, sin embargo hay cosas que el dinero no da: Ser honorable, valores morales, dignidad, son cualidades inalienables que sólo se alcanzan por el espíritu de colaboración hacia los semejantes y por el principio ineludible de vivir como Dios manda.