Levantar una familia a fuerza de tortillas

La historia personal de una de las tortillerías y taquerías más famosas de Bushwick
Levantar una familia a fuerza de tortillas
Elsa Salas, de Puebla, México dice que le gusta vivir en Bushwick porque la gente de ese barrio es muy buena.
Foto: Fotos: Carolina Ledezma / EDLP

Brooklyn.- La mexicana Elsa Salas, de 48 años, recuerda cómo mecía a su niña con uno de sus pies mientras atendía la clientela en su puesto de tacos en Bushwick. Con mezcla de orgullo y pesar, dice que su hijo mayor “fue padre y madre de sus hermanos”, mientras ella trabajaba la mayoría de los días, hasta las tres de la madrugada.

Después de tanto sacrificio, esta poblana se cuestiona a sí misma por no haberse dedicado por entero a sus cuatro hijos, que hoy tienen 28, 26, 17 y 11 años. “Yo me arrepiento porque no tuve tiempo de cuidarlos”. Tampoco logró que los dos mayores terminaran la escuela.

Pero ahora que el negocio familiar -la tortillería y taquería Los Tres Hermanos- se consolidaron, la vida le dio otra oportunidad: una nieta que en apenas un mes de nacida ya le robó el alma.

Salas se mudó a Bushwick hace 11 años, pero llegó al país siendo una quinceañera. En 1998 decidió poner su carrito de tacos a las puertas de la taquería de su marido en el 271 de la calle Starr.

“Esto era una zona industrial donde no había un sitio para comer”, rememora quien ha visto cómo Bushwick se ha transformado para bien por el influjo de muchos jóvenes y artistas.

“En ese tiempo eran puros obreros que hacían colas enormes frente a mi puesto”, dice sonriendo, “pero ahora tenemos clientes de todo tipo”, asegura mientras atiende la caja del negocio. “Me gusta mucho vivir aquí; la gente es muy buena y se vive seguro”.

En la taquería que abrieron hace tres años no hay un minuto de descanso. “Aquí lo que sobra es trabajo y eso le digo a mis hijos; la limpieza es lo más importante y por eso siempre hay que hacer”.

Desde que abren a las 11 de la mañana, la gente entra y sale a toda hora. Pero lo mejor es llegar después de las cinco de la tarde, cuando la fábrica de tortillas de puro maíz comienza a trabajar. Por un par de dólares, es posible llevar un paquete de 30 tortillas “calientitas” a casa.

“Yo dejé mi juventud aquí, por eso ahora sólo quiero disfrutar de mi nieta”, expresa esta madre que aprendió todo sobre sazón poblana cuando era niña.