Desde Maracay rumbo al firmamento

Pastor Maldonado, uno de los iconos hispanos en la F1, prepara su cuerpo y mente

Desde Maracay rumbo al firmamento
El corredor de autos Pastor Maldonado alza la bandera de Venezuela tras su victoria en el Gran Premio de Cataluña, en Barcelona, España.
Foto: AP / Manu Fernandez

VALENCIA, España – “De tal palo, tal astilla”, dice el popular refrán. Y, aunque a Pastor Maldonado se le aventure madera de campeón más que maneras de carpintero, el dicho aplica como armario a la medida para el piloto venezolano de la escudería Williams de la Fórmula Uno.

Nacido hace 27 años en Maracay, Maldonado confirma la leyenda de niño solitario que prefería la compañía de sus cochecitos de juguete al alboroto de los parques infantiles. Su carácter, ahora abierto y de acceso fácil, ha evolucionado notablemente desde entonces, pero gran parte de su infancia transcurrió entre bujías, pistones, tornillos y olor a neumáticos y gasolina.

En tierra de pasión por las cuatro ruedas, su padre y sus dos tíos regentaban diversos concesionarios automovilísticos y talleres mecánicos donde el pequeño Pastor se sentía como pez en el agua.

“Maracay es la ciudad de los motores, con un karting en el centro que todo el mundo conoce. Allí me crié junto a motos y coches. Al principio no me dejaban montar porque era muy chico”, recuerda el actual décimo clasificado del mundial de automovilismo, uno de los más excitantes que se recuerdan, con siete ganadores distintos en las siete carreras disputadas.

Los que aventuraron en Maldonado un futuro brillante en la Fórmula Uno no se equivocaron. En sólo su segunda campaña al volante de un Williams, logró lo que ningún piloto de su país había conseguido antes: ganar un Gran Premio.

Fue el pasado 13 de mayo en Barcelona, cuando el venezolano ofreció una auténtica lección de pilotaje y estrategia sobre el circuito catalán, territorio del bicampeón español Fernando Alonso, cuyo Ferrari acabó segundo.

El triunfo vino a reflejar la perfecta sintonía entre Maldonado y su ingeniero de pista, el catalán Xevi Pujolar. “Trabajar con Pastor es un lujo: se pasa el día en el taller preguntando y conversando con los ingenieros, buscando cualquier manera de mejorar el coche”, explica en vísperas del Gran Premio de Valencia. “Visita la fábrica entre carreras y en seguida nota si se ha cambiado algo. Le cuesta mucho desconectar. Yo sólo le digo que salga y disfrute”.

Pero no hay mayor gozo para Maldonado que sumergirse en su oficio. “Disfruto al máximo de la ingeniería y la mecánica”, admite. “Viviendo en la meca de la tecnología, eres consciente de que detrás de toda pequeña pieza hay muchos materiales distintos y millones de horas de dedicación. En el equipo hay más de quinientas personas trabajando para dos coches”.

Se confiesa religioso y reconoce que sólo sus duras sesiones de gimnasio le ayudan a relajarse, pero aún así razona su obsesión por la preparación física: “Cuando uno se cansa, el músculo es lo primero que se resiente, pero seguidamente lanza una señal al cerebro, y eso afecta la habilidad mental para tomar decisiones”.

La recompensa llegó para él en Barcelona. Y también para Venezuela, que se volcó en la celebración y le recibió como héroe pese a la etiqueta de “piloto de pago” que le colgaron tras el apoyo explícito del presidente Hugo Chávez.

Fue también el primer triunfo de Williams tras ocho años de sequía, pero Pujolar reconoce que en el equipo se alegraron principalmente por Maldonado y por lo que la gesta representó para su país.

“Antes de la carrera, los ingenieros estábamos algo nerviosos porque notábamos la presión por puntuar pero, cuando apareció Pastor, nos calmó a todos y nos aseguró que todo iba a salir perfecto ese día. Y así fue”, relata.

“Sé muy bien donde estoy parado y la manejo gracias a mi educación. Nos debemos al público porque, sin él, no estaríamos”.