El ser y el estar, identidad bifurcada

Dependiendo de las circunstancias, cada vez que me preguntan de dónde soy, siento un aleteo de conflictos existenciales dentro de mí, como pájaros atrapados en una cueva sin salida.

Por lo tanto, inconscientemente he desarrollado una serie de respuestas para cada ocasión.

Si estoy en, digamos, California y un gringo me hace la pregunta, contesto “De Nueva York”. Si nota mi acento y cambia la pregunta a “¿Dónde naciste?” le digo que nací en Cuba. Si me pregunta cómo me identifico, le diría “cubano-americana” seguida por una explicación de que llevo la mayor parte de mi vida en Estados Unidos y, en caso que sea un agente de inmigración, que tengo una carta de ciudadanía para comprobarlo.

Si un argentino o un colombiano pregunta de dónde soy, simplemente digo “Soy cubana”, porque el contexto es diferente y ambos entendemos por dónde viene la cosa.

Si el inquisidor es alguien que solo quiere molestar o entrar en discusiones tontas, digo que soy de Andorra, que es un país que casi nadie sabe donde está.

El momento más difícil fue en mi primer viaje a Cuba, décadas atrás, cuando los cubanos residentes en Estados Unidos todavía no podían viajar a la isla. Yo iba de “periodista norteamericana” en plan de trabajo, pero en el aeropuerto de La Habana, una agente de aduana me dispara la pregunta: “¿De dónde es usted?” Mi respuesta, inesperada y emotiva. “De aquí”, dije al mismo tiempo que le extendía mi pasaporte norteamericano.

La confusión le nubló el rostro por unos segundos y pensé que quizás no me dejarían entrar o me tratarían con frialdad y recelo, pero ella enseguida entendió y me sonrío y me dijo “Bienvenida a Cuba” y se me nublaron los ojos de lágrimas.

Ahora que los Juegos Olímpicos 2012 están a punto de comenzar (julio 27 a agosto 12) en Londres, me preparo mentalmente para bregar con la tortuosa jerarquía de identificación cultural/emocional con equipos y atletas de varios países que me he inventado.

Por ejemplo, en fútbol, voy con los equipos (hombres y mujeres) USA all the way hasta que queden fuera en la segunda o tercera ronda. Esto se debe a que en ese deporte, Estados Unidos sigue siendo el menos favorecido y yo casi siempre voy por el underdog. Después voy a favor del equipo de América Latina que vaya a las semifinales, preferiblemente Brasil o Argentina. Pero si el final es entre, digamos España e Italia, voy con la madre patria. Si el final es entre Italia y Alemania voy con Italia. Si es entre en Holanda e Inglaterra, no me importa un pepino.

Si la final de boxeo en peso mediano es entre Cuba y Estados Unidos, le voy a Cuba y a pesar de que no me gusta el boxeo, me emociono cuando suben la bandera y tocan el himno nacional, aunque, como de costumbre, esté muy mal ejecutado. Si la final es entre un pugilista de Filipinas y uno de Bosnia, le voy al Filipino. Si es entre un croata y un norteamericano, no me importa otro pepino, excepto si el que lleva el USA en la camiseta es un latino.

En otros deportes…no soy de aquí ni soy de allá. Pero me entretengo igual.