¿Quién salva a Alianza Dominicana?

La Alianza Dominicana está muriendo frente a nuestros ojos y nadie parece hacer algo para salvarla. La organización –que por años fue el proveedor de servicios sociales de referencia en el Alto Manhattan- agoniza tras una investigación municipal por irregularidades financieras que afectó su credibilidad para recaudar fondos.

Este problema, sin embargo, no debe marcar el fin de la organización dominicana sin fines de lucro más grande del país.

El problema de Alianza, sin embargo, es más que dinero. Su verdadera afección es que ya no tiene dolientes poderosos –solo los miles de residentes que se han quedado sin servicios esenciales.

Alianza muere desamparada. Víctima principalmente de las rencillas políticas entre los líderes políticos del Alto Manhattan.

Parece imposible discutir el tema de Alianza con líderes de la zona sin caer en señalamientos. Un bando alega que la corrupción de sus exejecutivos la dejó dando brazadas de ahogado; el otro que los funcionarios de la zona se niegan a lanzarle un salvavidas; mientras que las familias que dependen de estos servicios quedan en el medio sin ayuda.

Tristemente, el problema de los programas que se han perdido o reducido significativamente y los puestos de trabajo que han desaparecido en consecuencia, aparece sólo como coletilla al final de la oración. En su mejor momento, Alianza llegó a manejar un presupuesto anual de unos $16 millones, y servir a unas 30,000 personas al año, con programas como cuidado de niños, consejería para adictos, servicios para portadores de VIH, y ayuda a sobrevivientes de violencia doméstica, entre otros.

La organización empleaba a alrededor de 450 personas. Hoy día, solo quedan unos 25 trabajadores dándoles servicios a tantos como pueden, en medio de un inestable ambiente laboral donde sus pagos llegan semanas, sino meses, tarde, y la posibilidad de clausura luce cada vez más inminente.

La historia y futuro de Alianza nos compete a todos, porque con su caída se han ido millones de dólares en servicios vitales para nuestra gente –justo cuando la Ciudad reduce programas comunitarios y el desempleo entre hispanos se mantiene alto. ¿Cómo llenará la Administración Bloomberg el vacío de servicios que dejaría el cierre de Alianza?

Este año ha quedado claro que cuando los dominicanos, y otros latinos, quieren hacer campaña por algo que les interesa, saben como hacerlo. Si no se escuchan gritos de auxilio para salvar Alianza, es porque están eligiendo el silencio.

De modo que desde Albany pasando por Washington Heights y la Alcaldía, funcionarios electos y otros líderes deben dejar sus intereses a un lado, darle prioridad a la comunidad, y salir al socorro de esta organización, exigiendo una Junta Directiva funcional, dándoles recursos para seguir las reformas necesarias, monitoreando su desempeño, y abogando por la subsistencia de sus programas.

Alianza es demasiado importante para dejarla desaparecer. Estaremos atentos a quien interviene en este asunto, y lo tomaremos en cuenta durante las próximas elecciones.