Latinos sobresalen por su extravagancia en NY

Don Luis "el gallo", Osvaldo Gómez, Félix Hidalgo, Pilar Heimann y el "charro de la ONU", son algunas de las figuras que ya son familiares entre neoyorquinos.
Latinos sobresalen por su extravagancia en NY
Luis 'El gallo" Cajiga, boricua El Barrio.
Foto: Zaira Cortes

Si ha pasado tiempo en la ciudad, probablemente conozca algunas de estas caras, son latinos muy particulares que con su colorido y extravagancia se han convertido en figuras familiares entre neoyorquinos. Aquí sus historias…

Don Luis “el gallo”, de 82 años, deambula por las calles de East Harlem montado en una bicicleta de tres ruedas. La “dulce labios”, adornada con unos 20 gallitos puertorriqueños, guarda en su interior un improvisado sistema de audio, del que emanan boleros que cuentan la historia de los magos maduros de Mayagüez.

Luis Cajiga —su nombre real— pedalea al ritmo de la música, provocando sonrisas y miradas sorprendidas. No falta quien solicite una foto de recuerdo con el colorido vehículo, mientras el boricua toca un coquí de madera con un son que invita a bailar.

“Desde 1998 mi bicicleta me acompaña y yo la acompaño a ella. Después de trabajar por 30 años para un mismo lugar, el retiro me causó una depresión que sólo la bici me pudo curar”.

“El gallo” de El Barrio, como lo conocen sus amigos, comentó que también colecciona sombreros adornados con gallitos, pero su afición es pedalear libre y alegre.

“En verano o invierno siempre ando con mi bici, desde medio días hasta el atardecer. Este soy yo y mi barrio querido me conoce bien”.

Con una bicicleta cubierta de flores, el colombiano Osvaldo Gómez, de 40 años, recorre las calles de Queens con una perrita pintada de verde y una cotorra que baila al ritmo de aplausos.

Osvaldo —quien en ocasiones se hace llamar “Calandria” y en otras “Felicidad” — vive en la ciudad desde hace 25 años. Su rostro es común en los desfiles de la ciudad, a los cuales dice se integra “con o sin invitación”, no importa la celebración, el vecindario o la diáspora.

“Soy un ciudadano del mundo que va de sitio en sitio llevando gozo. Mi perrita, que tiene 14 años conmigo, es mi fiel compañera en esta diario caminar”.

Su barba, que podría ser gris, la pinta de verde como los árboles, pues dice que está lleno de vida.

El mexicano Félix Hidalgo, de 43 años, se olvida de su personalidad sosegada y tímida cuando se trata de fútbol. En Passaic, Nueva Jersey, el amante del soccer es conocido por usar penacho, arco, tambores y trompetas para animar a su comunidad durante los partidos que enfrenta la selección de su país.

“Compré mi penacho en un Halloween y se convirtió en el atuendo que me distingue de otros aficionados. Es mi toque personal”.

Hidalgo comentó que su espíritu futbolero aflora con pasión cuando escucha un grito de gol y disfruta contagiar su alegría a otros seguidores del Tri.

“Gritar a todo pulmón viva México es maravilloso cuando otros gritan contigo. Hacer sonar las trompetas y celebrar en comunidad es una experiencia grandiosa”.

Pilar Heimann, conocida en la comunidad quisqueyana como la “marchanta dominicana”, no pierde oportunidad para promover en Nueva York, sobre todo en Alto Manhattan, una vieja práctica de su país. La marchanta es una mujer de campo que va de pueblo en pueblo ofreciendo los productos de la tierra y Pilar representa con orgullo ese personaje en el desfile dominicano todos los años.

Santiago López, conocido en Sunset Park como el “charro de la ONU”, es un querido personaje de la comunidad mexicana que debe su nombre a El Diario. En 1991, vestido con estilo vaquero, ingresó al edificio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para quejarse ante un representante de Derechos Humanos por su despido del trabajo.

El ahora cantante de corridos pro-inmigrantes, portaba un arma automática y unas cien balas, lo que provocó la movilización de la Policía. El hombre explicó que en su comunidad de origen, es común que los rancheros porten pistolas, pero su desconocimiento de las leyes estadounidenses lo llevó a cometer un error. Este rotativo titulo la historia como “Un charro armado en la ONU”, y desde entonces lleva con orgullo el alias.