El moribundo goza de plena salud

No debemos desearle la visita de la pelona a nadie, a menos que se merezca una muerte política o social, por haber sido un mal gobernante y opresor.

Tampoco roguemos para que los enemigos sufran una enfermedad terminal porque la venganza jamás es dulce, sólo daña a quien la desea.

Por otra parte, el que merece un castigo, es mejor que lo pague en vida y no en una fosa. El peor escarmiento que recibe un político abusivo es de su propio pueblo cuando, en las urnas, le quita el respaldo.

Siempre he dicho que Hugo Chávez es mejor vivo que muerto, porque si fallece en campaña gana la oligarquía chavista, los “boligarcas”, como les dicen por aquello de la revolución bolivariana. Ellos son más peligrosos y ambiciosos que su propio jefe, porque sólo planean llenar sus cuentas bancarias de dinero.

Chávez goza de buena salud como vemos en la propaganda de su gobierno. Trota, juega pelota, habla más que un perdido recién encontrado y continúa su plan de perpetuarse en el poder.

Los venezolanos, quienes vaticinaron que el supuesto cáncer acabaría con él, elucubran sobre qué pudiera haber detrás de su enfermedad mortal.

Dicen que fue una farsa para victimizarse y ganarse la compasión del pueblo en pleno proceso electoral. Que fue una cortina de humo con el fin de apaciguar la crisis interna, la inconformidad social, la escasez de alimentos, de carne y leche, y de gasolina. El moribundo llevó a su país a una crisis histórica de falta de carburante por el deterioro del sistema de refinación y en parte por el contrabando hacia países vecinos. Sus críticos indican que hoy Venezuela importa combustible desde los Estados Unidos. El gobierno chavista lo niega.

Sobre el cáncer, pudiéramos darle el beneficio a la fe. Siendo ateo comunista, se vuelve creyente al ver a la dama de la guadaña acechándolo y dice públicamente: “Después de un año muy difícil que he pasado, gracias Dios mío y te pido que me sigas dando vida y salud para servir a tu pueblo”.

Si el Señor le concedió el milagro, entonces todos los que lo criticamos estamos equivocados y seremos condenados. El bribón habría sido perdonado por los daños que le hizo a Venezuela. Los chavistas dirán que es un castigo para la burguesía que por décadas robó las arcas oficiales.

Lo raro de este beneficio divino, es que el discurso del moribundo sigue siendo amenazante e incendiario. Pareciera más bien salido de las entrañas del infierno.

Si el candidato de la oposición, Henrique Capriles, gana la presidencia, el tirano tiene preparada la batalla que se libraría en las calles de Caracas y otras ciudades, la cual enfrentaría con milicias bolivarianas, entrenadas por cubanos y guerrilleros colombianos de las Farc y armadas por el chavismo con plata del narcotráfico.

Al rozagante Chávez no le importaría derramar sangre, sólo para cumplir su misión.

Entre tanto, incrusta el socialismo del siglo 21 en las propias entrañas del Estado; sigue confiscando empresas y tierras; censura y amenaza a la prensa. Aumenta el hambre en ciudades y campos. La violencia y la delincuencia en las calles son el pan de cada día como una enfermedad social, mientras el moribundo goza de plena salud.