El desafío republicano

La meta de la Convención Nacional Republicana es proyectar la imagen de su candidato presidencial para que él, como su mensaje, sea más atractivo a una mayor cantidad de votantes. En el caso de los latinos, este es un gran reto para la campaña en la que deberá trabajar mucho.

La intención de la campaña de Mitt Romney es obtener el 38% del voto hispano, una diferencia significativa con el 26% que recibiría si hoy fuese la elección, según el sondeo de opinión de impreMedia/Latino Decisions.

Esta diferencia no es fácil de zanjar.

Por ejemplo, la inmigración está entre las dos principales prioridades del votante latino. Allí las conocidas políticas hostiles hacia los inmigrantes, que están representadas en la plataforma partidaria, son un fuerte motivo como para que más de la mitad de republicanos latinos -según la encuesta-, crea que a su partido no les interesa mucho los hispanos.

Esta es una pérdida tanto para los republicanos, como para nuestra comunidad, que siempre pierde cuando es ignorada.

Al mismo tiempo, el sondeo muestra una percepción desfavorable del candidato republicano entre más de la mitad de los votantes hispanos. La imagen de Romney como un candidato alejado de las preocupaciones del votante medio aún parece ser más profunda entre los latinos.

Ante este panorama, es el senador Marco Rubio quien tendrá el papel estelar de presentar a Romney en la noche de cierre de la convención. El legislador hispano es la figura partidaria prometedora para atraer el voto latino y joven.

Dicen que una golondrina no hace primavera, por eso es improbable que el carisma de Rubio de vuelta la desconfianza que existe entre la mayoría de los latinos hacia los republicanos. De igual manera hay que ver si varios vídeos sobre la vida de Romney, y un discurso, puede recomponer las malas percepciones.

Los bajos números de popularidad entre los latinos conque Romney llega a la convención se los ha ganado a lo largo de esta extensa temporada electoral que comenzó el año pasado. Se requiere un esfuerzo titánico incluso para llegar a ese ansiado 38% de apoyo latino que, según las matemáticas republicanas, darían una victoria a su candidato.