Romney, xenófoba

Estoy seguro de que Mitt Romney estaba bromeando cuando nos aseguró que nadie le ha pedido su certificado de nacimiento. No es uno de esos fanáticos que piensa, como Donald Trump, que es posible que el presidente Obama no nació en EE.UU., lo que lo descalificaría para la presidencia de acuerdo a la Constitución.

Pero el comentario, y sobre todo el aplauso de los republicanos atendiendo el evento, revela unas cosas inquietantes. Primero, nos muestra que Romney tiene mal juicio cuando trata de usar su humor. Es obvio que no entiende una regla de hierro de la comedia: si uno quiere burlarse de alguien, debería ser alguien con pocos amigos.

Esta quizás no es falta muy seria para un candidato a la presidencia. Pero lo que sí me deja asombrado es la forma en que resuena este tema entre los republicanos. Romney escogió esa broma, aunque quizás sin pensar, porque instintivamente supo que iba resultar en risas y aplausos, y eso fue precisamente el resultado.

Esa combinación de gesto y reacción tiene que ser algo mas que un breve momento de irresponsabilidad colectiva. Y como la gran mayoría de republicanos saben que Obama nació en los EE.UU., tiene que ser algo más sutil y más profundamente inquietante.

Tiene que ser que hay muchos republicanos, y quizás muchos americanos, que dudan que Obama es uno de ellos. ¿Y por qué no? No tiene cara blanca como todos los otros presidentes. Su papá fue de Kenya. Pasó parte de su juventud en Indonesia. Tiene ‘Hussein’ en su nombre.

Y eso lo entiende Romney, aun si lo entiende subconscientemente. Pero es en nuestra subconciencia donde viven nuestros instintos sociales, donde decidimos en quien queremos confiar, donde nacen nuestras posiciones políticas.

Romney sinceramente sabe que Obama es americano. Pero está dispuesto a explotar las dudas, la xenofobia, las inquietudes de sus copartidarios para sacar ventaja política. Eso me parece inaceptable para alguien que aspira a la presidencia de esta nación.