El orgullo –y el prejuicio– cultural

¿Por qué será que mis vecinos güeros, Smith y Jones, no saben distinguir entre el orgullo cultural y el patriotismo?

¿Cómo pueden ser tan tontos?

En casi toda celebración mexicana, las familias provenientes de Jalisco o de Monterrey o de Oaxaca con nostalgia libran a rienda suelta canciones rancheras como “México lindo y querido” en lo que ondean las banderas rojas, blancas y verdes que les pasan los amables vendedores de cerveza.

Y los patriotas blancos, agitados, cuyos antepasados dispararon con mosquete a los terratenientes originarios, se quejan a los medios locales que aquellos estrangeros deberían volver de adonde llegaron.

Así fue como recibieron a Leo Manzano cuando volvió a casa a Granite Shoals, Texas, con una medalla de plata este mes. El periódico del pueblo, Highlander, publicó los mensajes de bienvenida de sus lectores.

De Barb: “Corría como integrante del equipo olímpico de los Estados Unidos. ¡Como tal, el Pueblo Estadounidense tenía el derecho de esperar de él una lealtad indivisa! ¡Qué vergüenza!”.

De Bushrod: “Para mí [Manzano] quedó en nada cuando portó la bandera mexicana. Retiro mi orgullo por su logro”.

De Mike: “Me quedé horrorizado con que llevara la bandera mexicana y que dijera que representa a los dos países. Se ‘escapó’ de un país completamente deficiente para venir a los Estados Unidos y convertirse en un alguien”.

De Not a Fan: “Es el Campeón Nacional de los EE.UU., no es el campeón nacional mexicano. Estamos en los Estados Unidos de América, 1 bandera, 1 país… llevamos sólo 1 bandera. Manzano tiene que darse cuenta que puede tener un vínculo étnico con un país, pero que NO es su país”.

Estos son sólo unos ejemplos, pero Leo contaba también con unos cuantos amigos.

De Dwayne: “Señor Leo Manzano es un Ganador. ¡Viva Texas!”.

De Danny Martle: “Como cualquiera de nosotros, él tiene el derecho de ser orgulloso de su país natal. Si yo me mudara a otro país y compitiera como parte de su equipo olímpico, haría flamear con orgullo las banderas de los Estados Unidos y de mi nuevo hogar. Y para que sepan, Leo cuenta con doble nacionalidad. Estoy seguro que en México su familia sintió tanto orgullo por él como sienten sus amigos y familiares en los EE.UU.”

De Becky: “¿Acaso no tenemos la bendición de vivir en un país en el que todos podemos dar voz a nuestras opiniones? Política aparte, ¡felicitaciones a un joven muy merecido quien trabajó ardua y largamente para lograr su sueño!

CNN logró encontrar a un mexicano-americano que concordó con los güeros. Su columnista, Rubén Navarrette les dijo a sus lectores que la acción de Leo “me revolvió el estómago” y alegó por su blog que su perspectiva había atraído más de 11 mil respuestas.

¿Nuestro consejo para Rubén? Tómate un Alka-Seltzer y si te dura el dolor por más de cuatro horas, llama a tu curandera.