¿Dejas tus responsabilidades a tus hijos?

Que tus hijos cumplan con ciertos deberes es fundamental para su crecimiento, pero cuando adoptar responsabilidades que son enteramente tuyas, puedes hacerles un daño irreversible.
¿Dejas tus responsabilidades a tus hijos?
Entre las responsabilidades que no puedes dejar siempre a tus hijos está la de cuidar a sus hermanos.
Foto: J. Emilio Flores / La Opinión

La regla es clara: papá y mamá asumen la responsabilidad del cuidado, protección y desarrollo de sus hijos, hasta que ellos cuentan con la capacidad de hacerlo por sí mismos, pero como suele ocurrir también hay casos en los que este principio se rompe y son los chicos quienes tienen que responder por sus padres. Y no porque necesariamente exista alguna deficiencia física o mental, sino porque éstos asumen que los hijos son más aptos que ellos para responder y más aún, les ‘toca’ hacerlo.

A este tipo de comportamiento se le conoce como “carga del hijo parental” y se refiere a quienes hacen la función de padres sobre sus hermanos e incluso sobre sus propios padres, lo que los lleva a adoptar un comportamiento que no va acorde con su edad y los obliga a convertirse en adultos de un momento a otro, lo que afecta su desarrollo y en consecuencia su vida futura.

Esto es lo que le ocurre a Miguel, un chico veinteañero que vive con su hermano menor, sus padres y abuelos paternos: “Mi papá llega muy noche de trabajar y mi madre, que es española no acaba de adaptarse, así que me limita las salidas porque dice que se siente sola, desprotegida y que no hay nadie mejor que yo para hacerme cargo de todo en casa: llevo a mis abuelos al médico, atiendo a mi mamá y además, si mi hermano hace algo mal me responsabilizan con el argumento de que yo soy mayor y quien le da ejemplo, así que tengo que llamarle la atención. De mi vida, ni hablar, no voy a fiestas o tengo que regresar a casa temprano y si mis amigos se van de vacaciones o fin de semana, ni pensarlo, yo no puedo ir”.

Martha Alicia Chávez, autora del libro “Tu hijo, tu espejo”, Editorial Grijalbo, afirma que contrario a lo que se podría suponer, este rol es una pesada carga para el hijo y no importa cuántos años tenga. El riesgo es que “en algún momento va a generar sentimiento de impotencia, ansiedad, tensión y resentimiento hacia sus débiles padres que le han impuesto semejante paquete”.

Para Miguel no ha sido fácil, pues evidentemente es una responsabilidad que él no pidió tener, todo empezó sin darse cuenta. Se ofrecía a acompañar a su abuelo al médico o a quedarse con su mamá para que se sintiera tranquila pero de pronto dejó de ser un acto voluntario, para convertirse en una obligación, la cual adquirió hace 4 años y de la que ya no puede deshacerse.

La autora explica que se trata de un acuerdo que nunca se pone sobre la mesa, pero surge a partir de que el chico percibe a sus padres incapaces de hacerse cargo de sus propias vidas, los nota inseguros y temerosos, por lo que paulatinamente empieza a tomar la batuta y los adultos, sin ningún problema, les permiten tomar el control.

Este exceso de responsabilidad, afirma Martha Alicia Chávez, les impide a los chicos realizar actividades acordes a su edad y relacionarse con sus pares, pero el descalabro también es para los hermanos porque quedan a cargo de manos inexpertas que no tendrán la capacidad para guiarlos adecuadamente, porque cabe señalar que la edad no es un factor determinante, pues con la misma facilidad pueden dejar la responsabilidad a un niño de 5 años que a un joven de 20.

Quitarles el peso de ser un hijo parental depende por completo de los papás, por lo que en primer lugar, “tienes que aprender a hacerte cargo de ti mismo, si es necesario busca ayuda profesional para que te ayude a superar tus miedos, dudas e inseguridades. Nada proporciona mayor tranquilidad y seguridad a un hijo, que saberse guiado y protegido por unos padres fuertes, felices y seguros de sí mismos”.

También es necesario que cada vez que se perciba en el chico un comportamiento de hijo parental, como por ejemplo, tomar decisiones, otorgar permisos a sus hermanos o asumir funciones que no le corresponden, hay que quitarles esa carga y dejarlos que tomen nuevamente su lugar en la familia.

De esta forma, los padres toman seguridad en sí mismos mientras le dan a su hijo el mayor regalo que puede recibir: sentirse liberado.

Colaboración de Fundación Teletón México

“El principio de la paciencia empieza por uno mismo”.

Bojorge@teleton.org.mx