Juegos de guerra

Guía de Regalos

En la película WarGames (1983), un joven adolescente experto en computadoras (que en esa época eran como carretas de bueyes comparadas con las astronaves de hoy) viola la seguridad de una compañía que él cree diseña juegos electrónicos, pero que es en realidad un programa de juego de guerra del Pentágono, y sin querer desata, desde su habitación en la casa de sus padres, una guerra termonuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Los eventos del martes en Libia y Egipto me han hecho recordar este fascinante y aterrador film de ciencia ficción.

Según los reportes, un video hecho en casa, posiblemente por un joven en calzoncillos sentado ante la computadora en el sótano de la casa de sus padres, que insulta a la religión musulmana y posteado en YouTube, donde solo lo habían visto un puñado de personas, llegó a ojos y oídos de jóvenes libios y egipcios que no tienen empleo pero tienen celulares y iPads. Inmediatamente hicieron lo que siempre hacen los musulmanes cuando alguien se burla de Mahoma: salen a quemar algo, preferiblemente una bandera norteamericana.

Pero en esta ocasión hubo más que una fogata y más que un asalto físico al recinto de la embajada norteamericana, espectáculo común y corriente en esa parte del mundo.

En esta película de la vida real del 2012 hubo muertos, entre ellos el embajador de Estados Unidos en Libia. En esta película, el candidato presidencial republicano, el mismísimo que promete gobernar al país como si fuera una corporación, no dejó pasar la oportunidad de meter la cuchara para echarle la culpa de todo al Presidente Obama y ¡presto! el trágico incidente es ahora un delicado y peligroso incidente internacional y, peor aún, parte de la campaña electoral. Quién sabe qué efecto tendrá en los resultados finales.

A pesar de todas sus bondades y ventajas de comunicación libre y democrática, no cabe duda de que la tecnología en mano de los ignorantes, estúpidos, racistas y fanáticos puede ser tan devastadora como una bomba nuclear. Ya hemos visto como más de un adolescente se ha suicidado a causa de las burlas e insultos que sus compañeros de escuela colgaron en Facebook o Twitter.

La lección aquí es que la libertad, todo tipo de libertad, conlleva serias responsabilidades y un mínimo de inteligencia y madurez. Y el enigma todavía por descifrar es cómo mantener el libre acceso a una tecnología maravillosa que da voz a todos sin imponerle barreras y censura.

Si a los jóvenes que quieren guiar automóviles se les exige tomar clases de cómo guiar con seguridad antes de recibir su licencia, quizás un día habrá que dar clases a los jovencitos de cómo navegar el espacio cibernético sin chocar contra un árbol o atropellar a un transeúnte. Esto es necesario, porque a diferencia de las películas de Hollywood, el final no es siempre feliz.

Al final de la película WarGames, cuando las bombas están a punto de caer sobre Moscú y Washington D.C., la voz sabia y robótica de la computadora nos recuerda que, “en este juego nadie gana. Lo mejor es no jugarlo. ¿Qué tal un buen partido de ajedrez?”

doloresprida@aol.com