Eduardo LaGuerre: presto para ayudar

Eduardo LaGuerre:  presto para ayudar
Eduardo LaGuerre, un puertorriqueño con un corazón enorme para ayudar a sus semejantes, es el fundador de un refugio para desamparados en El Bronx.
Foto: Zaira Cortes / EDLP

Nueva York – El puertorriqueño Eduardo LaGuerre recuerda que durante su infancia, en los años 50, el parque Jefferson, situado en El Barrio, estaba restringido por la comunidad italiana. De atravesar sus límites, era probable que recibiera una “pela”.

Para la época, LaGuerre jugaba al Stickball con sus amigos de cuadra y disfrutaba ser parte de una familia de 10 hermanos que lo protegían.

Cuando su madre se convirtió en encargada de un edificio en la calle 118, propiedad de italianos, el joven “Eddie” logró el acceso a un mundo que con el paso del tiempo lo ayudó a convertirse en un exitoso empresario y fundador de un refugio para hombres sin hogar en El Bronx.

¿Cómo consiguió abrirse paso en una época en la cual la diáspora italiana predominaba en East Harlem?

Cuando mamá se hizo cargo del edificio en la calle 118, que fue mi hogar por muchos años, logré sociabilizar con familias italianas influyentes en el vecindario. Esto me permitió entrar a sitios en los que otros chicos puertorriqueños de mi edad no podían, como la piscina del parque Jefferson. Para entonces tenía unos 12 años y era muy popular el “numbers game” con carreras de caballos (lotería considerada ilegal donde un apostador elige tres dígitos que podría coincidir con los resultados de una carrera al día siguiente). Mamá ayudaba a su empleador a correr los números y a su vez yo ayudaba a mamá. Esto me permitió desarrollar habilidad para las matemáticas.

En ese contexto de pocas oportunidades, ¿qué lo motivó a salir de ese mundo y acudir a la universidad?

Ese mundo me ayudó a tener visión para los negocios. Miré a las familias italianas prósperas que ayudaban a otros de su diáspora menos afortunados. Yo limpiaba zapatos y ganaba unos cinco centavos al día, que era mucho dinero para un niño en esa época. Compraba soda que compartía con otros chicos. Era mi forma de imitar a los italianos. Se puede crecer en adversidad, pero de ti depende seguir en ese camino o corregir el rumbo. Yo siempre supe que quería ir a la universidad y trabajé duro para conseguirlo.

Al graduarse de la universidad, ¿cuál fue el siguiente paso?

Era 1972, salí de El Barrio y me mudé a El Bronx cuando todos estaban saliendo del condado por los edificios quemados y abandonados. Fundé una organización que buscaba unir a la comunidad latina por medio del arte y la cultura. Desde entonces, la organización se ha transformado de acuerdo a la época y necesidades de la comunidad. Hoy es Park Avenue Transitional Housing Facility, un refugio para homeless que atiende a 200 desamparados al día en El Bronx.

Además de dirigir el refugio que ofrece empleo a 62 personas, usted es socio mayoritario de ocho escuelas charter. ¿Puede hablarme al respecto?

Son seis escuelas charter en el sur de El Bronx y dos en el condado de Westchester, que albergan a unos 3 mil estudiantes y da trabajo a más de 100 profesores. Creo firmemente que la educación es indispensable para construir una comunidad sana, humana y sensible.

¿Qué le apasiona?

Mi pasión es el refugio, porque ofrece terapia a los desamparados, los ayuda a buscar empleo y los reintegra con su familia. También ofrece representación legal a las familias que están en peligro de perder su casa. Desde el 2002, nuestra organización desarrolló vivienda con 515 departamentos, el 30% se destina a familias pobres. Hay una gran necesidad de vivienda en la comunidad y me apasiona luchar para que las familias tengan un techo seguro.