Equinoccio de otoño

Bendición Abuelas y Abuelos…

Mañana oiremos rumores de vierno, precisamente a las 10:49 a.m., tiempo este. El murmullo es que la combinación de nuestra órbita alrededor del sol y la inclinación del eje de la Tierra nos posicionará ni lejos ni hacia el sol.

¿Y a quién le interesa tal bochinche? Ya no medimos tiempo con el cielo. Además, como dijo el poeta británico, Philip Larkin, “El otoño nos ha cogido en nuestra ropa de verano”. Entonces, ¿qué causa célebre tienen los días abreviados, y las plantas y los árboles al fin de su ciclo de crecimiento?

Por otra parte, la tradición china accepta que esta tristeza es parte de la naturaleza, no una emoción que hay que evitar a toda costa. El otoño es conectado con el occidental, considerada la dirección de sueños y visiones. La temporada se asocia con el color blanco, el sonido del llanto, la valentía y la tristeza, el pulmón, el metal, y un tigre blanco.

Este equinoccio -palabra latina para “noche igual”- es uno de sólo dos días del año en que el sol cruza el ecuador celeste. Así que para celebrar el fenómeno como hicieron los filósofos chinos, por lo menos considerar nuestros sueños y visiones, y la ruta en la que avanza nuestras vidas. A llorar por cosas perdidas; realmente estamos en temporada de cosecha. Admirar las hojas ardientes, comer manzanas, hacer el amor. A brindar merlot, aunque manche el sueter blanco. Prender luces donde haya sombra larga. Encontrar el valor para enfrentar bronca que venga- elecciones, factura de calefacción, otra explosión en el Medio Oriente, lengua de vecina, desempleo, divorcio…

Claro, más fácil dicho que hecho.

En todo caso, Shakira está embarazada. La campaña de Romney está en ruinas. Eva Longoria tiene nuevo novio. Junot Díaz acaba de publicar un libro. Acerca del matrimonio gay, Clint Eastwood declaró, “¡Dejemos a todo el mundo en paz!”.

Y dice el almanaque de agricultores: “Del vino de otoño hartarse; la helada ya está en la calabaza y la nieve en el cerro”.

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