Viven un infierno en albergue de East Harlem

Hispanos sin hogar se quejan de maltrato en Jennie A. Clarke Residence
Viven un infierno en albergue de East Harlem
Stuart y Luz Cruz con su pequeña hija, se quejan de lo mal que viven en el albergue Jennie A. Clarke Residence, ubicado en East Harlem.
Foto: Carolina Ledezma / EDLP

Manhattan – El día de marzo que Stuart y Luz Cruz dejaron su hogar en El Bronx para mudarse al albergue Jennie A. Clarke Residence, en East Harlem, comenzó su via crucis.

A pesar de sus limitaciones físicas que les impiden trabajar, la pareja puertorriqueña, con dos hijos y un tercero en camino, fueron ubicados en este hostal sin ascensor, donde Luz ni siquiera puede acceder con su andadera. Pero lo más indignante -según relatan – han sido los agravios del personal, que la han sumido en un estado depresivo, muy nocivo para su condición.

“Por cualquier cosa te amenazan con quitarte a los niños o con mandarte a servicios sociales”, dice Stuart, en cuya vivienda empleados de seguridad han entrado varias veces sin anunciarse y a horas inapropiadas.

“También nos negaron el bus escolar de la niña que estudia en El Bronx, porque la ruta no existía; pero hay otro niño que va a la misma escuela y a él sí le dan el traslado”, agrega.

Retrasos en la entrega de la metrocard y del correo personal, fallas de mantenimiento, falta de documentos en español y, peor aún, maltrato verbal son parte del día a día de los Cruz y otras familias hispanas en este hostal.

“Es evidente que hay discriminación, porque hemos visto como ellos tratan a los demás que no son latinos y es muy diferente”, asegura Luz, quien incluso dice fue objeto de burlas por su débil salud por parte de funcionarios.

“Aquí las reglas parecen ser para unos y no para otros privilegiados”, añade Yelibell Osoria, quien llegó hace un mes al sitio con sus cinco hijos. En ese tiempo, ha tenido que lidiar con ratas y alimañas en su apartamento, cuyo pobre mantenimiento –según le dijeron los doctores– causó problemas en la piel a su hijo.

La situación para muchas de estas familias necesitadas es aún más deprimente, cuando han cumplido los seis meses de plazo que les dan para alojarse allí.

“Todo el tiempo te dicen que te pueden sacar en cualquier momento”, dice A.A., sin revelar su nombre por temor. “Tengo tres hijos con problemas mentales, a quienes esta situación les crea una ansiedad permanente”.

Víctima de violencia doméstica como A.A., la mexicana M.M llegó a Jennie A. Clarke con sus cuatro hijos en noviembre de 2011. Desde ese día, las agresiones en su contra no han tenido fin.

“Como no puedo pagar un apartamento de una habitación de $1,000 que me quieren hacer rentar, me ofrecieron un boleto de vuelta a México o que desaloje”, dice con su rostro empapado por las lágrimas.

La historia de M.M. revela insultos en frente de sus hijos por no saber escribir bien, hasta engaños para que firme documentos en inglés –que ella no entiende– certificando su salida voluntaria del albergue.

Los plazos no existen en este tipo de albergue. Así lo comprobó la puertorriqueña Beatriz García Antuna. Pese a tener un certificado de la autoridad de vivienda NYCHA, en la residencia no quieren darle el mes que pide.

“Dicen que me enviarán a un albergue ‘next-step’ si no alquilo un apartamento de $1,000, aunque saben que no puedo pagarlo”, explica quien lleva allí año y medio.

El programa “Next-Step” del Departamento de Servicios a Personas Sin Hogar de la Ciudad (DHS) promete un cuidado intensivo a quienes han vivido en los albergues fuera del tiempo permitido.

Al ser consultados por El Diario, voceros de DHS ofrecieron revisar cuidadosamente estos casos.

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